sábado, 21 de noviembre de 2020

Poemas idiotas, de Velázquez Juárez

 


Apenas un año después de publicar Sea un arma, donde se recogía una muestra de la poesía visual y de los aforismos de Ismael Velázquez Juárez (Iztapalapa, Distrito Federal, México, 1960), Ediciones Liliputienses vuelve a apostar por el poeta mexicano y edita en España su sexto poemario, Poemas idiotas, publicado en 2019, en Bolivia, por la editorial Electrodependiente.

Bajo un título cargado de ironía, que se mueve entre la provocación y la “captatio benevolentiae”, y que, más allá de la falsa modestia, encierra toda una declaración de intenciones, Velázquez Juárez ofrece 73 poemas sin título, más o menos breves, escritos en metros cortos y aparentemente sencillos, nacidos de las pequeñas anécdotas cotidianas que son trascendidas por el descaro y el desparpajo de quien ve la vida con el escepticismo necesario para buscar un sentido a nuestra torpe e inútil existencia. Y aquí radica la fecunda idiotez de estos poemas.

Concebida la poesía como un instrumento de conocimiento que más allá de buscar respuestas ahonda en las preguntas que nos definen  –como se plantea en el rotundo poema que abre el conjunto, en el cual un hombre excava un túnel sin intención de encontrar salida alguna-, los poemas, en apariencia simples, parten de situaciones triviales para, a través del poder de la palabra directa y despojada, poner el dedo en la llaga de los problemas que preocupan al autor: la incomunicación de la sociedad actual (“un hombre sentado / quieto y mudo / al que le pican / las abejas / lo lame un perro / se le posan las moscas / y se deja cubrir tranquilamente / no es un hombre / es una silla”), el hastío (“¿por qué dios / no nos hizo capaces / de dormir de pie / en mitad de cualquier lugar / a mitad de cualquier cosa / a cualquier hora / justo como hacen los caballos / cuando se aburren del mundo?”), el amor (“tocan / a la puerta / otra vez / no eres tú / salgo por la ventana / y toco / ahora yo / la puerta / nadie abre / otra vez no estás tú / entro por la ventana / y me siento / espero”), la soledad (“que tú vuelvas / y yo no me dé cuenta / ni esa noche / ni al día siguiente / ni al siguiente del siguiente / y siga mi vida / como si nunca te volviera a ver”), la vejez (“envejecer es recordar / lo que no quieres / y olvidar lo que te importa”), la muerte (“cambiar un foco / no requiere / casi nada / otro foco / como alguien / que nace / y se sabe / que es otro / que muere”), la ausencia o dejadez de Dios (“o déjame usar / el tuyo / (me refiero a tu silencio tan omnipotente) / para calmarme / y no pensar / que pudiste / estar ahí / todo el tiempo / pero eras sordo”), la incertidumbre (“los monstruos / no existen / tampoco / somos nosotros / ni los otros / y eso / es triste”) o la propia poesía, como el poema que da título a este volumen sólido y homogéneo que muestra a un poeta en plena madurez creativa: “un / poema / de verdad / es como / un asesino / nunca / se muestra / solo / un poema idiota / lo hace”.

 

Autor: Ismael Velázquez Juárez
Título: Poemas idiotas
Editorial: Ediciones Liliputienses
Año: 2020



(Publicado en Cuadernos del Sur, 7 de noviembre de 2020, p. 8)

jueves, 19 de noviembre de 2020

La mística corporal de Javier Lostalé

 



En La luz de lo perdido. Antología poética 1976-2020 (Chamán Ediciones, 2020) se condensan cuarenta y cinco años de entrega a la poesía por parte de Javier Lostalé (Madrid, 1942). Se trata de la tercera selección de su obra poética –tras Rosa y tormenta (Cálamo, 2011) y Azul relente (Renacimiento, 2014), además del libro-disco Tiempo en lunación (Ars Poética, 2019). La edición corre a cargo de Esther Peñas, quien firma un conveniente prólogo y una más que esclarecedora entrevista que actúa de epílogo. El título, que sintetiza todo el universo creativo de un poeta que escribe desde la grieta de una pérdida, la de amor, con la intención de restaurarla, está tomado de un verso del poema “Dale la mano” de Jimmy, Jimmy.

Este el hilo conductor de una obra escasa e intensa que, alejada de grupos generacionales y de modas pasajeras, se ha ido construyendo a lo largo de los ocho poemarios recogidos en el presente volumen: Jimmy, Jimmy (1976), Figura en el paseo marítimo (Hiperión, 1981), La rosa inclinada (Rialp, 1995; Premio de Poesía Juan de Baños), Hondo es el resplandor (1998), La estación azul (Calambur, 2004; Premio Francisco de Quevedo), Tormenta transparente (Calambur, 2010), El pulso de las nubes (Pre-Textos, 2014) y Cielo (Vandalia, 2018; Premio Jorge Guillén), a los que habría que sumar el ensayo poético Quien lee vive más (Polibea, 2013) y tres poemas inéditos.

Jimmy, Jimmy es un canto celebrativo del cuerpo masculino y de entrega a un tú capaz de dar sentido a la existencia de un yo que vive de manera conflictiva la tensión del deseo y encuentra la plenitud en el instante sin tiempo en el cual se une al amado. Esta exaltación se transforma en soledad en Figura en el paseo marítimo, donde, ante la brevedad del amor, el yo poético pretende restaurar la ausencia del amado a través de una palabra encendida, iniciando así un proceso de autoconocimiento en el que tantea los enigmas de la existencia y las oscuras simas interiores.

Tras un silencio de catorce años, Lostalé publica uno de sus títulos capitales, La rosa inclinada, en el que, a partir de la imagen de la rosa, que siguiendo a Juan Ramón Jiménez es símbolo de la perfección y de lo efímero, aborda temas como el paso del tiempo, la soledad, la belleza y la plenitud. Sobre estas mismas coordenadas existenciales construye Hondo es el resplandor, con el que inaugura una poesía de tono metafísico y de gran intensidad expresiva, y La estación azul, donde reúne una serie de textos en prosa aparecidos en ABC entre 1998 y 2001, que vio la luz en su poesía reunida La rosa inclinada (Calambur, 2002).

Tormenta transparente, tal vez su libro más conseguido, supone una indagación en la esencia del ser a partir del contacto amoroso con el otro. Aunque su tono sea más sombrío, inicia una búsqueda de la transparencia y de la esencialidad que continuará en sus dos poemarios siguientes y en los tres poemas inéditos que se recogen para la ocasión –si exceptuamos Quien lee vive más, un conjunto de textos breves en prosa en los que el autor muestra su entusiasmo por la lectura y su pasión por los libros-. A partir del oxímoron del título se teje toda una arquitectura del amor, entendido como anhelo, en la que se mezcla lo inalcanzable, la construcción de la propia identidad desde el amante, la pérdida como origen o el deseo incandescente. En El pulso de las nubes, por su parte, destaca el tono de renuncia que se desprende de la aceptación de la vida, que se sabe vivida con intensidad y plenitud, y de la certeza de una muerte que es asumida con serenidad, al tiempo que plantea el amor como trascendencia y salvación. Este proceso de elevación casi mística se materializa en su parco e inabarcable Cielo, en el cual el poeta se encuentra abandonado de sí mismo, lleno de dicha, una vez conseguida una paz interior que le hace vivir pleno y mirar al mundo con gratitud.

Semejante evolución poética desde Jimmy, Jimmy a Cielo se sustenta sobre tres pilares básicos: las imágenes surrealistas de Aleixandre, la poética del deseo de Cernuda y el aliento místico de Rilke, todo con un lenguaje cuidado e intenso que se ha ido decantando, buscando la sencillez, para dibujar la cartografía sentimental de un yo que intenta construir el amor a través de la ausencia, colocando el cuerpo y la sensualidad en un lugar primordial en tanto y en cuanto son capaces de detener el tiempo y de producir la elevación de quien vive en plenitud y da gracias por ello.

 

Autor: Javier Lostalé
Título: La luz de lo perdido
Editorial: Chamán Ediciones
Año: 2020



(Publicado en Cuadernos del Sur, 7 de noviembre de 2020, p. 9)

viernes, 6 de noviembre de 2020

El amor como cobijo, puente y trinchera. "Gente que busca su bandera", de Braulio Ortiz Poole


Hoy asistimos impasibles a la normalización del odio y la crispación como estrategia para anular la capacidad crítica del individuo por parte de algunos medios de comunicación y políticos populistas que han visto en las redes sociales, donde miles de personas anónimas encuentran el altavoz necesario para sacar a la luz todas sus miserias y sus frustraciones, el ámbito perfecto para tal fin. Frente a ello, el respeto, la tolerancia y la solidaridad se vuelven más necesarios que nunca. Como ciudadanos, debemos recordar que cualquier sociedad que excluya es un fracaso colectivo y, por ello, tenemos la obligación de construir una casa plural y libre de prejuicios, donde quepamos todos, pues la diferencia es un factor de enriquecimiento y un motivo de orgullo, con lo cual no debe asustarnos.

Ya Clara Campoamor concibió la política como espacio de encuentro –no olvidemos que el ser humano es político desde el momento en que convive con otros en abrigos o cuevas-. A partir de su legado, el poeta y periodista Braulio Ortiz Poole (Sevilla, 1974) construye Gente que busca su bandera, editado exquisitamente por la editorial sevillana Maclein y Parker, dentro de su colección Mirto Poesía. Así, en el poema nuclear “Una casa para la templanza”, dedicado a la escritora y política madrileña, define la poesía y el pensamiento como “Una casa sin muros, / sin ladrillo que aísle de los otros, / concebida hacia afuera, / con voluntad de huerto o voz de salmo, / de siembra o de plegaria”.

Tras ahondar en sus tres poemarios anteriores –Defensa del pirómano, Hombre sin descendencia y Cuarentena- en la propia interioridad con la intención de entenderse a sí mismo y el mundo que le ha tocado vivir, el poeta sevillano cambia el punto de vista para mirar desde el exterior hacia adentro, pasando de lo individual a lo colectivo. Al darse cuenta de que el otro actúa como espejo en el cual reconocerse e identificar las mismas heridas y grietas, abre su discurso a la alteridad desde la propia individualidad. En este sentido, Ortiz Poole centra su atención en las personas que viven al margen, fuera de la norma, y que, por ello, son marcados como “diferentes” por una sociedad que mira con recelo cualquier forma de disidencia e intenta anularla. El libro es, pues, concebido como un acto de reconocimiento y de gratitud hacia “los que dudan”, “los que cruzan una línea incómoda”, “los que abren un camino diferente”. 

Algunas de estas personas que han buscado su bandera, a las que el poeta se dirige utilizando una cernudiana segunda persona, son Leonard Matlovich, militar condecorado en Vietnam que fue expulsado del ejército cuando hizo pública su homosexualidad; Viktor Korchnói, ajedrecista exiliado de la Unión Soviética; la sufragista británica Emiy Wilding Davison y la actriz Norma Jeane Mortenson, más conocida como Marilyn Monroe; la estrella de cine Frances E. Farmer, que se apagó en el abismo de los psiquiátricos; Eddie Slovik, desertor del ejército estadounidense que fue ejecutado por ello; la bailarina Mary Wigman; el escritor y activista afroamericano James Baldwin; la artista transexual Lili Elbe o el poeta Vicente Aleixandre.

La bandera que todos ellos han buscado, más allá de un trozo de tela sobre el que poder identificar un sentimiento de pertenencia a una colectividad, actúa como metáfora de los anhelos, de los deseos, de los sueños y de la lucha para conseguirlos. No en vano, el también poeta Alejandro Simón Partal, quien firma un magnífico prólogo, las define como “banderas que no señalan, sino abrigan”, con lo que el libro, siguiendo al poeta de Estepona, se convierte en “un tratado de amor al género humano”, en el que el amor es cobijo frente a la intemperie, puente hacia el otro y trinchera desde la que resistir ante las fallas sobre las que se levanta la sociedad en que vivimos.

Y toda esta armazón ética se resuelve con una palabra concisa y precisa, más parca y despojada que en anteriores ocasiones, que roza lo minimalista –sobre todo en el “Epílogo”-, y que busca mover al lector desde la emoción, dando como resultado una poesía intimista y reflexiva, que se abre al otro y que deviene celebración.

 

Autor: Braulio Ortiz Poole
Título: Gente que busca su bandera
Editorial: Maclein y Parker
Año: 2020



(Publicado en Cuadernos del Sur, 17 de octubre de 2020, p. 10)