
El poeta zamorano, que transita un camino solitario, concibe
la poesía como una tabla de salvación en la que conviven valores éticos y estéticos
en la medida en que asume una irrenunciable responsabilidad con la palabra y
una concepción introspectiva de la realidad. En este recorrido, su discurso se
vuelve, libro a libro, más reflexivo en tanto y en cuanto hay un proceso de
ahondamiento en la propia interioridad, pero sin olvidar el hecho mismo de la
creación poética ni la problemática existencialista del hombre actual. Estamos,
por tanto, ante una poesía que es, y cito al propio Tundidor, “emoción del
conocimiento” o, lo que es lo mismo, una poesía donde se aúnan las vivencias y
la meditación sobre ellas, sin olvidar que todo debe estar “al servicio de la
palabra poética”.
(Publicado en Cuadernos del Sur, 15 de febrero de 2014, p. 7)
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