jueves, 17 de septiembre de 2015

"La tierra prometida", de Manuel Gahete: amor y poesía



Evolución no es sinónimo de ruptura. Coherencia no lo es de reiteración. Por eso, no son muchos los escritores que consiguen que el crecimiento sea un proceso de ahondamiento en unos mismos principios éticos y estéticos y no tanto una modificación radical de los pilares sobre los que articulan el discurso. Convencido de este axioma, Manuel Gahete (Fuente Obejuna, 1957), poeta ajeno a las modas literarias, se ha mostrado siempre fiel a unos presupuestos que, estando ya presentes en Nacimiento al amor (Premio Ricardo Molina, 1986), han ido cristalizando en distintos cuerpos geométricos a lo largo de más de veinte poemarios.
Defensor de una poesía introspectiva, concebida como vía de conocimiento, en la que para llegar a comprender el misterio de la existencia se sondea el propio yo, el poeta mellariense aborda en La tierra prometida el tema del amor, que, además de la forma del amor carnal (“Vestigio de humo”, “Argonauta” o “Sobre los viejos odres”), adopta la de la devoción a la poesía (“El cantor del yuyal”, “Tránsito de la luz”, “Fuero” o “Ciudad de destino”), la fe (“Arena en los pies desnudos”, “Mística llaga”, “Augurio” u “Ósmosis”) o el compromiso con el ser humano (“Rodas”, “Naxos”, “Santorini”, “Sifnos” o “Mykonos”).
Este poemario, uno de los más extraños, intensos y personales del autor, le ha valido el I Premio de Poesía Carmen de Silva y Beatriz Villacañas, convocado por el Ayuntamiento de Boadilla del Monte en colaboración con la revista Troquel.  De la atractiva factura del mismo debemos resaltar tanto la sugerente ilustración interior firmada por su esposa, Ana Ortiz Trenado, como el hecho de que el diseño y maquetación hayan corrido a cargo de Fernando Gahete Ortiz, hijo de ambos.
Concebido de manera circular, el conjunto está compuesto por veintiséis poemas, articulados en cuatro partes organizadas en torno al motivo de un viaje exterior que deviene interior, pues, a partir de las diferentes ciudades visitadas y recordadas, el ser humano interioriza lo vivido para extraer de ellas lo esencial, el sentido último de la existencia: “Hégira”, en la que con el característico sincretismo religioso gahetiano el autor plantea los motivos temáticos expuestos; “Miradas de Japón”, tres series de siete haikus inspiradas por las ciudades de Kagoshima, Kioto y Tokio; “Islas bajo la luz”, siete poemas escritos al recuerdo del sol y la luz de otras tantas islas griegas; y “El creador emboscado”, donde el libro se pliega sobre sí mismo y recoge los temas planteados en la primera parte, al tiempo que ahonda en la aspiración más noble del ser humano, la “ciudad de destino”: la poesía, el amor, la fe, la justicia. Como es propio de nuestra tradición literaria y de la poesía de Gahete, esta fuerza, que mueve al ser humano y que se convierte en el sentido último de la vida, supone necesariamente heridas, pues el propio sentimiento implica sufrimiento y dolor (“¡Cómo mudar –no sé- la sombra en brasa / en la extensión abierta de la herida!”); sin embargo, el autor de La región encendida matiza tal concepción en unos versos rotundos: “Poco sabe de amor quien nos ama / si, al rozarnos la piel, exige heridas; / si, después de besarnos, nos ignora." Ahora bien, esta ciudad nunca es punto de llegada, sino simple camino, como connota el propio título, de inevitables sugerencias bíblicas. El creador ha de ser un exiliado, una persona fuera de lugar, que vaga por el desierto en busca del territorio prometido por el creador, un ámbito fértil, y la creación, por ende, es una travesía incierta hacia lo desconocido, hacia el misterio del cosmos y, al mismo tiempo, del propio ser, pues, para entender el enigma último de la creación, el yo poético debe partir de la experiencia particular. Solo de ese modo se conseguirá la universalidad del conflicto planteado. Así, esta “hégira” no es una migración individual, sino que pronto se transforma en un destino común del hombre. Todo este armazón temático se articula en torno a una serie de símbolos poliédricos -la luz, el mar, la sombra y la oscuridad, el espejo, el fuego o la llama, el barro…-  acerca de la doble naturaleza de un yo que es un hombre que ama y que es creador, e invierte, en ambos casos, desvelos e ilusiones en expresarse a través de la palabra, desentrañando la naturaleza misteriosa de esta, con la intención de comprender la realidad polimorfa en la que transcurre su existencia, que es, siguiendo la cita inicial del memorable poema de T.S. Eliot, una tierra baldía o un yuyal, en palabras de Gahete, cuyas fisuras son denunciadas al tiempo que se reclama la necesidad de un entendimiento más profundo entre los seres humanos para poder vivir en un mundo menos injusto. Pese a estos principios ideológicos, el autor de Mapa físico no olvida, como advertía Mallarmé a Degas, que “los poemas no se hacen con ideas, sino con palabras”, expresión que debe ser entendida en el sentido de que el valor supremo de la creación artística radica en el cómo se dice y no en el qué se dice. Esta búsqueda de la perfección formal mallarmeana, presente también en el poeta cordobés, se traduce tanto en la cuidada variedad métrica como en un profundo dominio del verbo, sustentado en un hondo conocimiento idiomático. La primera lo lleva a combinar el verso blanco con la lira (“Espejo oscuro”), con el romance endecha (“Origen”), con los tercetos encadenados (“Mezquino idioma”) e, incluso, con el haiku, una grata novedad en el discurso gahetiano, que, a pesar de la aparente incompatibilidad entre ambos, alcanza resultados más que notables: “Raíz de plata / -denso y húmedo el bosque- / iza la altura”, “La lluvia pace. / Su cayado de agua / guía la tierra”, “Cisne prieto, / el lunar de tu boca / en el crepúsculo” o “Trema la luna / como punta de iceberg / entre los dedos”. El segundo comporta, por un lado, una rigurosa selección léxica - arcaísmos, neologismos y los inconfundibles cultismos son buscados no solo por la potencialidad sonora de los mismos, sino también por las sugerencias que puedan despertar en el lector-, y por otro, un perfeccionamiento estilístico, un virtuosismo en el manejo del lenguaje. Semejante posicionamiento estético conduce, inevitablemente, a cierto hermetismo, basado en el deseo de encontrar una palabra nueva, capaz de fundar existencia, una palabra que se sustenta en una paradoja, pues, aunque nace de la realidad, tiende a distanciarse de ella en el deseo de nombrar una nueva realidad. Se trata, en definitiva, de un poemario que busca en todo momento la emoción a través de la riqueza de un léxico cuidado y sugerente, de un perfeccionamiento estilístico de marcado acento gongorino y de la musicalidad tanto de la palabra en sí como del metro, aunque hay una apuesta por una expresión más sencilla y directa que, sin romper con la coherencia de una trayectoria de más de tres décadas, ofrece una faceta nueva de este creador.

Autor: Manuel Gahete
Título: La tierra prometida
Editorial: Curva Polar Editorial
Año: 2014

(Publicado en Cuadernos del Sur, 20 de junio de 2015, p. 7)

martes, 23 de junio de 2015

Conciencia y lenguaje. "La cabellera de la Shoá", de Félix Grande


Hans Magnus Enzensberger fue el primer creador que rebatió la célebre y controvertida afirmación de Adorno: “escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie”. Pese al eco inmediato que encontraron en pensadores como Elie Wiesel o Steiner, tales palabras, en apariencia incontestables, se revelaron falsas inmediatamente, hasta el punto de que el propio filósofo alemán se vio obligado a matizarlas: “quizás haya sido falso decir que después de Auschwitz ya no se puedan escribir poemas”.
Desde entonces, han sido muchos los artistas e intelectuales que han planteado la necesidad de escribir acerca del Holocausto con la intención de comprender, a través de la creación, la crudeza de una realidad que escapa a la razón, como única forma de transmitirla a las generaciones futuras. Es, por tanto, el lenguaje artístico, pese a sus grietas y fallas, el único capaz de desvelar lo inefable, lo indecible, el horror y el desprecio en estado puro, como demuestra La cabellera de la Shoá de Félix Grande (Mérida, 1937-Madrid, 2014).
Cuenta el propio autor que, antes de descubrir el campo de extermino de Auschwitz- Birkenau, ya había viajado en dos ocasiones a Polonia, pero que no se había atrevido a visitarlo “quizá por cobardía”. Cuando tuvo el valor necesario para contemplar el horror y la ignominia, lo que más le impresionó fue una enorme mata de pelo de mujer de casi dos toneladas expuesta en un escaparate. Tal masa informe y descolorida era parte de los 7000 kilos de pelo, empaquetados en sacos, que el ejército soviético encontró en los almacenes y que las autoridades del campo no habían tenido tiempo de enviar a las fábricas situadas en Baviera para la elaboración de una especie de sayal.
La contemplación de esta cabellera sin color -metonimia del horror y de la barbarie- por parte de Grande no supuso, en ningún momento, la imposibilidad de escribir poesía, como había planteado Adorno, sino que, al contrario, fue el resorte necesario para que el poeta emeritense regresase a la escritura poética, después de cuatro décadas de silencio, con la intención de sondear la fractura que supuso el genocidio nazi. La reflexión acerca de esta devastación, de esta derrota colectiva, que implicaba, en sí misma, la destrucción de unos principios tenidos por universales y, por tanto, la aniquilación de la propia humanidad, no puede sino desarrollarse entre dos grandes interrogaciones retóricas –“¿Oís la llamada?” y “¿Ustedes saben escuchar?”, esta última repetida cuatro veces, con un cuerpo de letra cada vez más pequeño, a modo de agónico eco-, entre dos afiladas apelaciones a la conciencia del lector, quien no puede ni debe permanecer indiferente ante un discurso directo y comprometido, que se solidariza con todos los humillados y marginados de la historia, a los que el propio poeta les presta voz.
El poema, una denuncia desgarrada de la injusticia, de casi mil versos, se divide en diez secciones de diversa naturaleza y extensión, cada una de las cuales adopta una estructura circular al hacer avanzar un discurso fragmentario, que dinamita la propia estructura narrativa, a través de la reiteración obsesiva de unas preguntas formuladas en un aparente verso libre –en realidad, una libre combinación de endecasílabos, alejandrinos y heptasílabos, fundamentalmente-. Este verso se apoya en la eficaz ruptura de la sintaxis convencional, en las imágenes sorprendentes y poderosas, sustentadas en una palabra de múltiples aristas, iluminadora pero realista a la vez, en la medida en que es capaz de encontrar el misterio en la realidad circundante, en las yuxtaposiciones de ideas y en la sobrecogedora fuerza emocional. De este modo, el poeta logra sacudir con contundencia al lector. El resultado, por densidad y profundidad, es una de las obras imprescindibles del poeta nacido en Mérida, que apareció publicada por primera vez en la última edición de Biografía (2011), como cierre del volumen -pocos meses después, vio la luz exenta, acompañada por más de sesenta imágenes del horror, en una edición no venal publicada por La Ortiga-, y que ahora llega a las librerías de la mano de Bartleby Editores, con un magnífico epílogo de Juan José Lanz titulado “Poesía e Historia: La cabellera de la Shoá y la poesía después de Auschwitz”.
  
Autor: Félix Grande
Título: La cabellera de la Shoá
Editorial: Bartleby Editores
Año: 2015

(Publicado en Cuadernos del Sur, 6 de junio de 2015, p. 4)

lunes, 15 de junio de 2015

El aire necesario

Con Y el aire de los mapas, José Carlos Rosales (Granada, 1952) cierra el ciclo iniciado con su primer poemario, El buzo incorregible (1988), y lo plantea, ya desde el propio título, como la conclusión natural de todos los anteriores: El precio de los días (1991), La nieve blanca (1995), El horizonte (2003), El desierto, la arena (2006) y Poemas a Milena (2011). Partiendo de la premisa de que toda la realidad es una abstracción mental del sujeto y que esta depende, pues, de quien la mira (“El aire de los mapas depende del que mire los mapas que están sobre la mesa”), Rosales, trabajador de la idea de libro unitario, articula el conjunto en torno al símbolo de un viaje exterior que deviene interior. Para iniciar esta travesía, es necesario sentirse desubicado, con lo que el poeta acaba hablando de todos los exiliados, de aquellos que marchan de un lugar del que nunca han formado parte (“Miras los mapas para hallar un sitio, / pero el sitio no está donde tú miras: / donde miras no hay sitio para ti, / pues los mapas no saben dónde hay sitio / ni lo pueden decir si lo supieran. / Solo hay sitio donde no hubo sitio”). Ante este trayecto, un auténtico proceso de conocimiento, el yo poético –que es individual y colectivo- tan solo puede sentir incertidumbre (“No hay señales que digan adónde vamos”). Los 45 poemas que lo integran se agrupan en tres secciones: “El aire”, en la que se recogen diversos paisajes que conforman parte de una compleja geografía interior; “Los mapas”, donde reflexiona sobre la decepción del ser humano cuando cree llegar al punto de destino; y “Y el aire de los mapas”, que actúa a modo de cierre, y plantea que, para una vida plena, es necesaria la libertad, pues todos los mapas son equívocos.

Autor: José Carlos Rosales
Título: Y el aire de los mapas
Editorial: Vandalia
Año: 2014

(Publicado en Cuadernos del Sur, 23 de mayo de 2015, p. 6)

jueves, 11 de junio de 2015

Pensar el acto creador. Hugo Mujica

Para Hugo Mujica, creación y reflexión están íntimamente unidas, conformando una suerte de fértil sinergia que germina, principalmente, bajo la forma de un verso cuidado y preciso. Con todo, en ocasiones, el creador debe acudir, mientras espera la llegada de la poesía, a otros cauces expresivos, ya sea el ensayo o la narrativa breve. De este modo, toda su producción girará alrededor de su obra poética, como él mismo afirma: “Toda mi prosa, creo, es la glosa de las intuiciones a las que la poesía me llevó, los relámpagos que me mostró”.
Con Prosa Selecta 2. Ensayo y narrativa, la editorial Vaso Roto cierra Del crear y lo creado, la obra casi completa, hasta la fecha, del escritor porteño. En este tercer volumen se recogen sus cuatro libros de ensayo más recientes, en los que aborda algunas de las figuras centrales de su ideario -desde la reflexión sobre el vacío en Orfeo, Juan de la Cruz y Paul Celan al recuerdo de la pasión según George Trakl- al tiempo que realiza una reflexión acerca del acto creador.
El primer ensayo, titulado Poéticas del vacío. Orfeo, Juan de la Cruz, Paul Celan, la utopía, el sueño y la poesía (2002), está compuesto por cinco textos que hablan de la alteridad intrínseca a la existencia. Por su parte, Lo naciente. Pensando el acto creador (2007) aborda, desde el presupuesto de que “crear es el acto más inicial del ser humano”, el acto creador, a través del cual el hombre vuelve “a revivir el evento más originario y revelador que cada uno de nosotros vivió: el haber nacido.” La casa (2008), en cambio, está escrito en un inusual, aunque no por ello menos efectivo e inquietante, versículo, capaz de amoldarse perfectamente tanto al pensamiento como a la praxis poética de Mujica. La pasión según Georg Trakl (2009) es el ensayo más extenso y en él se contienen las impresiones del lector que, en distintos momentos de su existir, acude al encuentro con la fascinante obra del poeta expresionista austríaco.
El volumen se cierra con una única muestra de prosa de ficción. El escritor argentino ha publicado dos libros de relatos: Solemne y mesurado (1990) y Bajo toda la lluvia del mundo (2008), en el que recoge aquellos relatos del libro anterior que han resistido el paso del tiempo. Ahora selecciona este último libro como insignia de su narrativa corta. Los  relatos que lo componen conforman un interesante corpus, heterogéneo temáticamente, pero profundamente unitario desde el punto de vista estilístico, en el que el narrador maneja con soltura el género, aunque, en ocasiones, la historia se sacrifique en favor del pensamiento (“El testamento inconcluso” o “Tratado sobre una hipótesis ilustrada y su respectiva conclusión existencial”).


Autor: Hugo Mujica
Título: Del crear y lo creado 3
Editorial: Vaso Roto
Año: 2014

(Publicado en Cuadernos del Sur, 23 de mayo de 2015, p. 6)


lunes, 8 de junio de 2015

Oxímoron

La capacidad de toda antología de generar controversia -y el descrédito del concepto de “canon”- radica, por un lado, en su naturaleza parcial e incompleta; por otro, en el hecho de que contiene, aunque no se confiese, un inevitable carácter programático. Ambos factores, vistos con recelo por el lector, conviven con la necesidad de ordenar la poesía más reciente; de hecho, en los últimos años se ha multiplicado la aparición de tales libros. El último ejemplo es El canon abierto, de Remedios Sánchez García, publicado por Visor. El oxímoron del título ofrece una triple lectura: la lista no está cerrada, la selección es plural y la nómina de autores ha sido elaborada atendiendo a un nuevo criterio colectivo, que prescinde de la opinión de un crítico y busca la de casi doscientos estudiosos pertenecientes a 107 universidades, a los que se les preguntó por el nombre de los cinco poetas en lengua española más relevantes nacidos después de 1970.
A sabiendas de las ampollas que levantaría el proyecto, el recuento de las encuestas se hizo ante notario, como se deja claro en la extensa introducción. Con la misma intención, se enumeran las universidades y críticos colaboradores, y se recogen en dos anexos los poetas más votados y todos los autores nombrados.

A pesar de ello, es normal que haya quien cuestione la preeminencia de una determinada corriente, la poesía ante la incertidumbre. Tal hecho objetivo es justificado por la propia antóloga afirmando que son los autores más conocidos en todo el ámbito hispanoamericano. Pero, por encima de polémicas, la nómina de 40 poetas –en la que se echan en falta algunos de los nombres propios- destaca, aparte de por la heterogeneidad estética, por reconocer la supremacía cuantitativa de la poesía escrita en la otra orilla de nuestra lengua.


Autor: VVAA
Título: El canon abierto
Editorial: Visor
Año: 2015

(Publicado en Cuadernos del Sur, 23 de mayo de 2015, p. 8) 

martes, 26 de mayo de 2015

En torno al amor: Amorexia

Amorexia es el ingenioso título del segundo poemario de Miguel Agudo (Tarragona, 1976). Este libro rompe un silencio de cinco años y supone una línea de continuación con los presupuestos éticos y estéticos de su carta de presentación, Cuando Herodes la tierra (La Isla de Siltolá, 2009; accésit del I Premio de Poesía Fundación ECOEM). El paso del tiempo, la poesía, el amor, la difusa frontera entre la realidad y los sueños y la nada existencial son los núcleos temáticos sobre los que se levantan los 87 poemas que componen un volumen donde la filosofía se vuelve poesía. Agrupadas en cinco partes asimétricas –“La vida es insomnio”, “Canto gregueriano”, “No es poesía”, “Canon clásico” y “Amorexia”-, entre las que se establece una intensa red de vasos comunicantes, dando lugar a un todo permeable, de carácter heteróclito, todas las composiciones destacan tanto por la concisión de la expresión como por la intensidad semántica de las palabras. Agudo consigue cargarlas de significados y sentidos diversos. Para ello no solo acude a la creación léxica, sino también a la paradoja, a la antítesis, al zeugma, a la elipsis y a diversos juegos de palabras como la anfibología, la polisemia, la paranomasia o el equívoco, sin olvidar el papel central de la imagen en la creación poética. A esta sabe dotarla de gran fuerza, y hacerla provocativa unas veces, sugerente otras, pero siempre reveladora y perspicaz, capaz de desmontar cualquier tópico o convencionalismo, golpeando al lector con más contundencia en aquellos poemas más breves y desnudos: “Tarde grisácea. / Miro por la ventana, / cristal con lágrimas.” o “Para poner / letra / a los gemidos / hagamos / garabatos / en la cama”.

Autor: Miguel Agudo Orozco
Título: Amorexia
Editoria: La isla de Siltolá
Año: 2014

(Publicado en Cuadernos del Sur, 23 de mayo de 2015, p. 7)

miércoles, 13 de mayo de 2015

Bajo las raíces


Un lujo formar parte de este homenaje a un libro clave, Sepulcro en Tarquinia; una gozada haber vuelto a disfrutar con su relectura.