miércoles, 27 de febrero de 2019
En el estudio de...
El pasado jueves 21 de febrero apareció en el ABC este reportaje firmado por mi buen amigo Félix Ruiz Cardador, dentro de su serie "En el estudio de...". Aprovecho para darle las gracias por el magnífico trabajo y por el retrato impresionista que ofrece. La fotografía en esa sala de estudio ordenada para la ocasión es de otro amigo, Rafa Sánchez Ruiz.
miércoles, 20 de febrero de 2019
Poemas que sacian la sed. "El cuarto del siroco", de Álvaro Valverde
Aparecido en octubre pasado, El cuarto del siroco está recibiendo,
desde el mismo momento de su publicación, el aplauso unánime de la crítica. El
décimo poemario de Álvaro Valverde (Plasencia, 1959), que ha visto la luz cuatro
años después de Más allá, Tánger y de
dos antologías de su obra poética, está concebido de modo heterogéneo, como el
propio autor reconoce en la “Notas, agradecimientos y dedicatorias”: “los
poemas que componen este libro han sido escritos en lo que va de siglo, al
mismo tiempo que, por ejemplo, Plasencias
o Más allá, Tánger. Poema a poema,
cabe precisar. Tal vez sea este mi libro menos unitario. De hecho, la
ordenación es, en general, cronológica.” Pese al largo período de escritura y
reescritura, los setenta y cinco poemas –un número bastante más extenso de lo
que suele ser habitual en él- no se resienten y tienen una profunda unidad
tonal, de pensamiento y de estilo, conseguida con un lento proceso de sucesivas
relecturas y correcciones.
A partir de la imagen de una estancia que,
según cuenta Leonardo Sciascia, existía en las casas patricias sicilianas, en
la cual las familias se refugiaban de la violencia de este viento procedente
del norte de África (“Un lugar recogido, a modo de refugio,/en el que cobijarse/del
triste pensamiento de la muerte”), el poeta placentino construye toda una
metáfora de la poesía y, por qué no, de una poética construida con humildad y
honestidad a lo largo de más de tres décadas, desde aquel inaugural Territorio: una poesía reflexiva, nacida
de la contemplación, que busca entender el mundo y los desajustes que lo
componen, al tiempo que celebra y goza de la belleza, aunque sea efímera, de los
pequeños instantes, en los que se revela la dimensión de toda existencia.
Ahora bien, este cuarto no es definido en
ningún momento como un espacio cerrado. Aunque es un refugio contra la
intemperie, está construido y necesita del afuera para existir, siendo, por
tanto, un ámbito múltiple, en el que se funden interior y exterior.
Así, los principales ejes temáticos sobre los
que se articula este diario poético, de inevitable tono confesional, en el que
los poemas nacen del devenir diario y diverso que conforman el propio ser, son
la fugacidad de la vida, la muerte, la melancolía, la memoria, la elegía a
algunos amigos muertos –Ángel Campos Pámpano, Santiago Castelo o Fernando Pérez
González-, que “nos viven” y conforman parte de nuestras señas de identidad, y
la celebración de la existencia, bien sea a través de la visión gozosa de la
naturaleza bien a través de la evocación de los paraísos perdidos de la
infancia y de la juventud.
El rigor en la construcción y la exigencia de
un escritor consciente de su oficio llevan a un discurso depurado tanto en la
perspectiva y en la temática como en la arquitectura lingüística y formal de
cada poema y del libro. Una magistral muestra de esta sobria contención,
lograda mediante una palabra precisa y transparente, que aspira a la sencillez,
es el poema “La poesía”, donde afirma: “la poesía/que hoy solo se me antoja/tan
sencilla/como el gesto de alguien/que da un vaso de agua/a quien padece sed.”
Y en ese gesto mínimo radica la esencia de estos
poemas honestos que buscan permanecer a través de la precisión y de la
sencillez, emocionar al lector y acompañarlo en la construcción de una estancia
donde cabe el hombre y lo que lo rodea, que es concebido como un regalo que se
debe disfrutar. Poemas que sacian la sed.
(Publicado en Cuadernos del Sur, 9 de febrero de 2019, p. 6)
Autor: Álvaro Valverde
Título: El cuarto del siroco
Editorial: Tusquets
Año: 2018
viernes, 8 de febrero de 2019
Homenaje a Juana Castro por el Ateneo de Córdoba
Dentro de su colección "Biblioteca Arca del Ateneo", el Ateneo de Córdoba rinde un más que merecido homenaje a la poeta y amiga Juana Castro. Vaya mi agradecimiento a los coordinadores del volumen, Antonio Varo Baena y Antonio Flores, por contar conmigo. Aquí os dejo mi colaboración:
EXTRANJERA
Para Juana Castro
Visto a través de ti, el mundo es distinto,
porque tú eres una mirada cóncava
que encuentras en un árbol un nido olvidado
y analizas la urdimbre
para encontrarte en lo que no eres tú.
Después,
establecidas geométricamente
cada una de las grietas,
regresas de lo inexplicable
como tan solo puede retornar quien es vida
y se siente extranjera en su patria.
domingo, 20 de enero de 2019
Emilio Prados, un poeta heterodoxo
Ser y tiempo es el heideggeriano título de la más
reciente antología de Emilio Prados (Málaga, 1899-Ciudad de México, 1962). El
ambicioso volumen, publicado por la Fundación Málaga dentro de su colección Las
4 estaciones, reivindica la altura de un poeta mucho más conocido como impresor
y fundador, junto a Manuel Altolaguirre, de la mítica revista Litoral.
La edición
y selección de textos corre a cargo del escritor y profesor de la Universidad
de Málaga Francisco Morales Lomas, quien, además, firma un extensísimo y riguroso
prólogo de casi 160 páginas, a lo largo de las cuales se desvelan con acierto
las claves de la poesía pradiana, mostrando la auténtica dimensión de una voz singular
entre sus coetáneos, y por ello mismo incomprendida. Convencido de que no es
posible entender al autor sin comprender al hombre y el tiempo en que este
vivió, el crítico andaluz funde las coordenadas histórico-biográficas y
literarias, haciendo un recorrido paralelo por ambas, con solidez y exhaustividad,
y divide en tres etapas su producción: una primera de evidente influencia
vanguardista (1925-1928), una segunda de obligado carácter político (1932-1938)
y una tercera de indudable aliento metafísico (1939-1962).
En un
primer momento, los versos de Prados están muy influidos por las vanguardias
–especialmente por el surrealismo-, pero también por la poesía neopopularista,
con una fuerte presencia de referentes naturales, tras los cuales, pese a la
tendencia generacional del uso abusivo de la imagen, se intuye tanto la
apertura del yo poético a la otredad como la intención de mirar dentro de él
para sondear las contradicciones interiores.
Pese a que
los libros más representativos de este período tal vez sean Tiempo (1925) y Vuelta (1927),
cuyas malas críticas lo llevaron a no publicar nada durante casi una década, los
dos más significativos son El misterio
del agua -escrito entre 1926 y 1927, aunque no viese la luz hasta 1954, en
la mítica antología publicada por la editorial Losada en Buenos Aires- y Cuerpo perseguido -escrito entre 1927 y
1928 pero publicado en 1940, como primera parte de Memoria del olvido-. En ellos se presenta un yo poético que, en un
éxtasis casi místico, sale de sí mismo para penetrar en la esencia de lo que le
rodea. De este modo, el discurso de Prados inicia un heterodoxo camino donde
confluyen la tradición mística, el surrealismo y las nuevas corrientes de
pensamiento que colocaban el foco de atención preferente en el ser humano, preludiando,
así, el enorme poeta que se mostrará a partir del exilio.
Durante la
República y la guerra civil, el poeta malagueño, de ideología comunista, fue
uno de los intelectuales más comprometidos con la causa republicana y participó
activamente en la defensa de Madrid -de hecho, su compromiso es anterior al de
Alberti, pues ya en 1929 publica un poema como “¡Alerta!”-. Su poesía, como la
de la inmensa mayoría de sus contemporáneos, cambia tanto temática como
formalmente, al ser concebida como un instrumento al servicio de la revolución
social, razón por la cual adopta estructuras rítmicas propias de los metros
populares -sobre todo del romance- y estructuras lingüísticas que tienden a la
inmediatez denotativa y a la austeridad. Las obras más representativas de este momento
son Calendario incompleto del pan y el
pescado, donde aparecen campesinos, pescadores y niños que sufren las
injusticias sociales de la época, y Llanto
de octubre, cuyo explícito subtítulo es “Durante la represión y bajo la
censura posterior al levantamiento del año 1934”. Sin embargo, sus obras más
interesantes son La voz cautiva,
cuatro poemas escritos entre 1933 y 1934 en los que junto a la denuncia social
aparece un lenguaje surrealista, y Cancionero
menor para los combatientes, donde el tono enfático de los romances anteriores
desaparece para redescubrir la naturaleza y hallar en sus elementos el dolor y
la desesperación.
Tras llegar
a México en febrero de 1939 a bordo del barco holandés Veendam, junto a otros
intelectuales como José Bergamín, su poesía evolucionará de manera inevitable al
mirar decididamente hacia su interioridad. Desde este momento, el pensamiento
metafísico y el diálogo establecido con los lenguajes de su época se convierten
en los pilares de una de las voces más importantes de la poesía del siglo XX,
que, partiendo de la convicción de que la poesía debe ser un territorio de
encuentro con el otro, ahonda en temas como la identidad, el sentimiento de
búsqueda, el misterio de la existencia, la añoranza y melancolía, cierto
ensimismamiento espiritual, la soledad, el cuerpo o el deseo de infinitud.
Algunas de
sus obras más significativas son Mínima
muerte (1944), sutil penetración, tras asumir la meditación como vía para
el conocimiento del mundo, en una realidad más allá de la realidad; Jardín cerrado (1946), una extensa
confesión en la que se produce una fértil interacción entre naturaleza y yo
poético para, a partir de ahí, dar paso a una reflexión serena sobre los
grandes interrogantes que articulan la existencia; Río natural (1957), que profundiza en la búsqueda de respuestas a la
existencia, para lo que el yo se fusiona de manera total con la naturaleza a
través de la imagen del río; y La piedra
escrita (1961), una obra casi mística en la cual este yo aspira a la
infinitud a través de la comunión con el afuera.
Pero, tal
vez, sus tres obras más importantes sean: Signos
del ser (1962), un intenso poema dedicado a la memoria de su madre por
parte de un yo poético que deviene en mirada que, tras interiorizar el cuerpo,
intenta comprender el mundo a través de un lenguaje profundamente simbólico, difícil
de comunicar, que aspira a la condensación y a la síntesis conceptual y
poética; Transparencias (1962), donde
despoja el lenguaje de todo lo accesorio para, a partir de ahí, nombrar la
realidad de un modo nuevo y, por tanto, crearla, convirtiendo, de este modo, a
la palabra, pese a su profundidad y oscuridad, en conocimiento del mundo y de
uno mismo; y Cita sin límites (1965),
libro póstumo escrito a los 63 años, en tan solo dos meses, bajo la certeza de la
inminencia de la muerte, cumbre de una poesía mística en la que el yo sale de
sí mismo para fundirse con la naturaleza y con el ser humano, dejando su huella
en todo aquello que es exterior e interior, con lo que conforma una unidad
total a través de la palabra desnuda y directa, que es la semilla que cae en el
surco y germina, a pesar de su insuficiencia para expresar sentimiento y
pensamiento.
Como no
podría ser de otra manera, debo cerrar estas líneas celebrando la aparición de
un libro necesario, que pone de relieve la auténtica dimensión de Emilio Prados;
y lo hago citando a Jorge Guillén, quien reconoció la novedad de una apuesta
poética a la que calificó como “la más singular de las escritas a lo largo del
siglo XX”, que, además, hoy se revela como una fértil vía de exploración para
la poesía del siglo XXI.
(Publicado en Cuadernos del Sur, 12 de enero de 2019, p. 7)
Autor: Emilio Prados.
Título: Ser y tiempo
Editorial: Las 4 estaciones
Título: Ser y tiempo
Editorial: Las 4 estaciones
Año: 2018
miércoles, 16 de enero de 2019
Solienses analiza mi discurso de ingreso en la Real Academia de Córdoba
El pasado 13 de enero Antonio Merino, editor del blog Solienses, se hacía eco de mi discurso de ingreso en la Real Academia de Córdoba, pronunciado el 6 de abril de 2017 y publicado en el número 166 del BRAC.
Bajo el título "Rodríguez de León y Ranchal: dos aproximaciones distintas al acto literario", me acercaba a dos personajes coetáneos vinculados a Villanueva del Duque, que desde hace años forman parte de mi geografía personal. Aunque sean más conocidos por su actuación como políticos durante la II República -el primero fue gobernador civil de Córdoba en el momento del golpe de estado del 18 de julio; el segundo, alcalde socialista de Villanueva del Duque-, ambos acudieron a la literatura, movidos por diferentes intereses e inquietudes.
Vaya desde aquí mi gratitud a Antonio Merino por sus palabras.
En el siguiente enlace podéis acceder al discurso íntegro.
Bajo el título "Rodríguez de León y Ranchal: dos aproximaciones distintas al acto literario", me acercaba a dos personajes coetáneos vinculados a Villanueva del Duque, que desde hace años forman parte de mi geografía personal. Aunque sean más conocidos por su actuación como políticos durante la II República -el primero fue gobernador civil de Córdoba en el momento del golpe de estado del 18 de julio; el segundo, alcalde socialista de Villanueva del Duque-, ambos acudieron a la literatura, movidos por diferentes intereses e inquietudes.
Vaya desde aquí mi gratitud a Antonio Merino por sus palabras.
En el siguiente enlace podéis acceder al discurso íntegro.
martes, 8 de enero de 2019
"Soliloquios", de Alberto Díaz-Villaseñor
Convencido de ofrecer su obra al lector sin intermediarios,
deseoso de marcar tanto los tiempos del proceso de edición como de promoción y
estimulado por los buenos resultados de ventas de sus anteriores aventuras
editoriales, Alberto Díaz-Villaseñor (Peñarroya, 1959) acude de nuevo a la
autoedición a través del gigante Amazon.
Soliloquios, disponible tanto en papel como en formato digital, está compuesto
por cuarenta relatos que pertenecen, según el propio autor reconoce en la nota
inicial, “a diferentes épocas y a diversas circunstancias e intenciones, que
ahora vuelven a ser corregidos, vuelven a ser visitados, vuelven a ser
molestados en el sueño que dormían justamente.”
Concebido, pues, como un conjunto heterogéneo, el libro
aborda múltiples núcleos temáticos, “porque, de algún modo, alientan en el
interior las viejas pulsiones de la fantasía, el sexo, el misterio, el amor, el
miedo, la risa…”, a través de historias de diferente extensión (desde
microrrelatos como “Cartas de amor”, “Asombro”, “El peligro de las playas”,
“Entendí”, “Sueño de mantas” o “Avispa” hasta las diecisiete páginas de “Deuda
pagada” o las trece de “Pregunté por ti”) construidas desde diversos enfoques
narrativos, con los que el escritor peñarriblense pretende seducir al lector y
hacerlo partícipe de las mismas para desmontarle los andamios con los que ha
apuntalado el frágil mundo en el que se afana por sobrevivir.
En ese sentido, se me antoja una obra fronteriza, en tanto y
en cuanto conviven temas, perspectivas y tonos ya transitados por Díaz-Villaseñor
con inéditas indagaciones. Así, junto a la presencia de la infancia, de la
memoria del pueblo o de la minería aparecen la incomunicación, las grietas de
nuestra sociedad o la identidad. Igualmente, se alternan relatos más clásicos
en cuanto a la arquitectura de la narración con otros más actuales, en los que
el narrador se despega del contexto inmediato para construir una mirada más
universal.
Semejante dualidad lleva aparejada una utilización distinta de
la sintaxis y del léxico. De hecho, coexisten sus característicos períodos
sintácticos extensos con la oración corta y rotunda, que quiere noquear al
lector y no dejarle margen de reacción. Del mismo modo, la experimentación con
un léxico sencillo y sugerente, que busca potenciar los significados de las
palabras, alterna con la hibridación de un lenguaje formal e informal e,
incluso, coloquial, que utiliza como resorte narrativo el humor y la ironía,
llevado al delirio en “Concierto” o “Jóete”, auténticas astracanadas.
No puedo cerrar estas líneas sin citar algunas de las historias que han quedado en mi cabeza dando vueltas: "Por fin esta tarde", "Cenas", "Deformación profesional", "Cariño, cielo, amor", "Tesis", "Mobbing", "Deuda pagada" y, sobre todo, la que abre el libro, "Soliloquio", toda una declaración de intenciones, todo un camino abierto.
(Publicado en Cuadernos del Sur, 22 de diciembre de 2018, p. 8)
Autor: Alberto Díaz-Villaseñor
Título: Soliloquios
Editorial: Amazon
Año: 2018
(Publicado en Cuadernos del Sur, 22 de diciembre de 2018, p. 8)
Autor: Alberto Díaz-Villaseñor
Título: Soliloquios
Editorial: Amazon
Año: 2018
lunes, 24 de diciembre de 2018
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