jueves, 14 de enero de 2021

"¡Váyase usted a la mierda! ¡A la mierda!"

Muchos ignorantes quizá recuerden a Fernando Fernán Gómez por este exabrupto y no sepan que escribió la obra teatral Las bicicletas son para el verano o la novela El viaje a ninguna parte, por las que merece un lugar propio en nuestra literatura más reciente. Además, dirigió decenas de largometrajes, entre ellos la adaptación de esta novela, y protagonizó películas emblemáticas de nuestro cine como La mitad del cielo, Belle Époque, Así en el cielo como en la tierra, El abuelo, Todo sobre mi madre o La lengua de las mariposas, entre otras.  

¡Qué falta hace hoy olvidar lo políticamente correcto y llamar a las cosas por su nombre! Siento vergüenza de los políticos irresponsables, inmaduros, cobardes y mediocres que nos desgobiernan, fiel reflejo de una sociedad que los merece. No de todos, obviamente, sino solo de aquellos que cumplen con este cuádruple requisito y que, desgraciadamente, proliferan en todos los niveles de organización política, desde los ayuntamientos a las Cortes, pasando por las ineficaces comunidades autónomas.

Vividores profesionales, que apenas han cotizado a la Seguridad Social y que sueñan con medrar a costa del dinero de la mayor parte de los ciudadanos, de un puesto en una empresa pública o de las prebendas que las grandes empresas ofrecen a sus benefactores a cambio de pequeños detalles que asfixian a la masa de pagadores medios que sostiene el andamiaje de este país (ya sea en la factura de la luz, en el precio de los carburantes o en los abusos de las compañías de telefonía, por poner solo tres ejemplos). Para ello, se han especializado en no asumir responsabilidades, en utilizar un lenguaje anestesiado y anestesiante, higienizado y esterilizante, en emplear un doble rasero para medir sus actuaciones o las del adversario, en gestionar el miedo de la masa, en avivar la crispación y la confrontación.  

En semejante estrategia, cada vez es más frecuente el lavado de manos. Como docente, he sufrido y sufro esta medida estrella que nuestra sacrosanta Consejería ha utilizado para garantizar un regreso seguro a las aulas en septiembre. Y, hay que reconocerlo, no les ha salido nada mal hasta ahora, pues los docentes servimos de rastreadores gratuitos y los centros educativos de guarderías para que la maquinaria capitalista no se detenga. Poco o nada importa la salud del alumnado y, menos aún, la del profesorado -y, por contacto estrecho, la de sus familiares-. 

Sin embargo, como buenos gallos de corral, estos políticos, cuando han creído que la cosa estaba controlada, han sacado pecho o han hecho un concurso para ver quién mea más lejos y han pedido autonomía para gestionar una crisis para la que, según ellos, estaban preparados, pese a que, día a día, se demuestra que les ha venido grande. Así ha transcurrido el verano y el otoño. Y nadie ha querido tomar decisiones que les pueda costar un puñado de votos (ni siquiera el alcalde de un pueblo pequeño). En este tiempo de tranquilidad relativa, se ha hablado muy a la ligera del compromiso y la ejemplaridad de la sociedad (no olvidemos que lo único que se nos pidió en marzo y lo que ahora reclaman es que nos encierren para que no salgamos de casa, porque no somos capaces de seguir con responsabilidad y civismo las indicaciones que se nos da), del mismo modo que, cuando han saltado las alarmas, se ha atacado a algunos sectores de irresponsables, con tal de no asumir la parte de culpa que cualquier político tiene por las manifestaciones hechas y por las decisiones tomadas. Como buen futbolista, la culpa siempre al árbitro. 

Ha sido una tremenda irresponsabilidad vender una imagen amable de la pandemia, pintar arcoíris de colores y, con un frágil discurso aprendido en un curso rápido de coaching, repetir como una letanía que esto lo salvaremos entre todos y que, sin duda, saldremos más fuertes y mejores de la crisis (desgraciadamente, estamos perdiendo una posibilidad de oro para replantearnos nuestra forma de estar en el mundo; la apelación al consumismo navideño ha sido una triste prueba de esta agonía), pero más irresponsable aún ha sido vendernos la idea de que había que salvar la Navidad -no creo que a nadie en su sano juicio le sorprenda lo que está pasando y lo que nos espera en las próximas semanas- y la consiguiente relajación de todas las medidas tomadas en noviembre y diciembre. En apenas tres semanas se han tirado por el desagüe todos los esfuerzos que una parte de la población ha hecho (repito, una parte de la población, pues no voy a falsear la realidad ni a vender irreales goles colectivos de una serie de dibujos animados japoneses... no, señores, pues son demasiados muertos y enfermos los que están pagando los excesos e insolidaridad de muchos).

No ha habido narices de mantener el cierre perimetral de los municipios, ni siquiera de las comunidades (salvo alguna excepción), en Navidad. El virus ha circulado libremente por todos los rincones de la geografía y sus efectos están siendo devastadores en aquellas zonas en las que hasta ahora el Covid había tenido menos impacto. Vivo en Pozoblanco, y Los Pedroches hasta la semana anterior a las fiestas era una de las regiones de Andalucía menos afectadas. Ahora mismo, sin embargo, estamos disparados. Las causas de este aumento son muchas y muy dolorosas de analizar. Desde las actuaciones individuales a las de las administraciones locales, sin olvidar las de los gobiernos autonómicos, que han permitido un trasiego de personas sin control.  

Esos mismos políticos exigen al Gobierno que decrete un confinamiento total y vaticinan lo que la mayoría sabíamos que iba a pasar desde que ellos decidieron relajar las medidas. Todo lo que sea, con tal de no admitir su parte de culpa, cuando debería ser tan sencillo como decir: "señores y señoras, lo siento. La hemos cagado. Les pido perdón. Intentaremos corregir los errores, de los que soy consciente. Les prometo trabajo, transparencia, honestidad y compromiso".

Y que trabajen de una puta vez todas las administraciones públicas, con independencia del color político, por el bienestar y la salud de los ciudadanos. 


domingo, 3 de enero de 2021

Un vuelo esperanzador: "La mariposa en el buzón", de Manuel Molina González


Con La mariposa en el buzón, Manuel Molina González (Priego de Córdoba, 1966) completa una trilogía japonesa junto a Haikus del olivar (2013) y Volverás abril. Senryus (2017). Autor de varias obras acerca de la Segunda República, en especial sobre Niceto Alcalá-Zamora, y colaborador de diferentes periódicos de Jaén y del suplemento Cuadernos del Sur, ha participado en diversas exposiciones, revistas y encuentros de poesía visual y ha publicado, además de los libros de inspiración nipona citados, el poemario Días de perros (2018); los libros de relatos Cuentos y leyendas de Cazorla (2003), en colaboración con Juan Antonio Bueno, y Manual para subcampeones (2006); el volumen de prosas poéticas, Impresiones del olivar (2018), y el proyecto El olivo a tiempo sabe, donde funde poesía, pintura y flamenco (2019).

Conocedor de la tradición japonesa y de las innovaciones que el género ha sufrido desde principios del siglo XX hasta la actualidad, nuestro poeta se mueve con comodidad y sin contradicciones entre la ortodoxia y las nuevas propuestas orientales, americanas y europeas, y explora las posibilidades expresivas de un género que, más allá de los tres versos de cinco, siete y cinco sílabas, es una forma mirar, de entender el mundo  y de darle cauce expresivo a través de una palabra sencilla y despojada, sin artificios.

Así, la mirada ensimismada y reflexiva del poeta se detiene en la pequeñez de lo que lo rodea y pretende capturar el instante. Su contemplación sucede desde un estado de melancolía y de  aceptación de la transitoriedad, pero también de gratitud y de celebración. Esto le permite descubrir lo extraordinario de lo cotidiano en un momento irrepetible que provoca una emoción y que, aunque sea insignificante en apariencia, encierra un sentido digno de ser cantado. No obstante, este ortodoxo canto del afuera se combina sin estridencias con el devenir de un yo y de un tú que, inevitablemente, conforman un nosotros.  

Como reza en el subtítulo y el autor confiesa en una nota final, el volumen es una selección de 111 haikus, escritos a lo largo de los últimos cinco años, principalmente entre 2017 y 2019, mientras “pasaba las mañanas y/o tardes en los pasillos de un hospital, acompañando a un familiar que cada 21 días debía recibir tratamiento […] Han sido muchas horas continuadas de silencios, de butacas desgastadas, de pasillos saturados o fríamente vacíos, de luces artificiales, de máquinas expendedoras, de largos momentos para reflexionar; un inevitable orillamiento de la escritura hacia la necesidad, a la vez que compañía impagable.” 

Desde la soledad y el silencio de ese ámbito, que es origen y término, el autor intuye el verdadero sentido de la vida y acude a la escritura, en principio, como una herramienta terapéutica que le permite bucear en su interioridad y sondear las dudas que lo conforman, con lo que, inmediatamente, deviene en instrumento de conocimiento y de comunicación, al estar en todo momento abierto a la otredad. En este proceso radica el sentido del citado subtítulo cabalístico, “111 haikus”: el uno es la singularidad y el tres la totalidad, la plenitud, con lo que, a pesar de la dificultad, hay un mensaje de esperanza; el 111 sería, pues, el sustento, los que nos enraíza y nos lleva a resistir ante la adversidad.

La curiosa arquitectura del libro se apuntala en tres partes asimétricas precedidas cada una por un breve fragmento en prosa, impregnado de la filosofía zen, en el que dialogan un sensei y un haijin, a través de los cuales el autor expone su visión del mundo y su concepción del género. Cada una de estas estampas, que se cierra con un haiku y su traducción al japonés, están seguidas de una serie variable de haikus. 

“La creación y su largo trecho” va seguido de 18 piezas de tono metaliterario, en los cuales Molina González explicita su concepción tanto del género como del proceso creativo. Por su parte, “La naturaleza, aquí y tal vez ahora” está seguida de otras 39 en los que la infancia, el instante y la adversidad se mezclan en el momento presente, conformando la parte más canónica de un volumen al que se refiere Carlos Santos, quien firma un prólogo titulado “Para quedarse”,  como un “olivar en verso donde grajillas, mariposas, gayumbas, gatos, perros, higueras despeinadas y libélulas conviven con abismos, silencios, ausencias, olvidos, vacíos, soledades, ruinas, féretros y fantasmas en un remanso de páginas, pinceles, amistades, canciones y buzones, libros, cervezas, vinos y gomas de borrar.” En cambio, “El barrio, la vida, que aún sobrevive celebrando los días” celebra la vida, el instante, la plenitud del momento, impregnado de una profunda gratitud, a pesar de la adversidad, a lo largo de 48 composiciones.

Esta idea se refuerza con la estremecedora historia que cierra el volumen, la del boxeador Shuzo Taguchi, quien estuvo siete años en el corredor de la muerte, cuya última voluntad fue el material necesario para escribir un haiku.  

El vuelo esperanzador de esta mariposa muestra a un poeta que conoce bien el haiku y sus misterios, que se pregunta a sí mismo sobre la vida, la muerte, el amor, el paso del tiempo o la infancia, sin pretender respuestas, insinuando al lector en solo diecisiete sílabas.


Autor: Manuel Molina González
Título: La mariposa en el buzón 
Editorial: Ediciones Algorfa
Año: 2020



(Publicado en Cuadernos del Sur, 26 de diciembre de 2020, p. 10)



lunes, 28 de diciembre de 2020

El tiempo y sus múltiples hilos



María Isabel Luque Muñoz (Villa del Río, 1954) publica El tiempo tras las horas. Una visión cuántica, con un cuidado y elegante diseño por parte de la editorial cordobesa Cántico. Se trata del tercer poemario de esta maestra jubilada, tras No nos neguemos a la ternura (Antígona, 1993) y Lo que habita en mí (Utopía, 2017), por los que ha sido reconocida con el premio de poesía Mujerarte.

Las citas iniciales de San Agustín y de Richard Feynman y los poemas que actúan tanto de prólogo, “Ese instante”, como de epílogo “Compañeros de viaje”, sitúan al lector ante el tema central del conjunto: el tiempo y sus múltiples hilos temáticos, algunos de los cuales, según reza en la contraportada, son: “la inquietud por la caducidad de la existencia, lo que queda de nosotros, lo que permanece y la alteridad que pervive en nuestros deseos y anhelos”.

Todo ello se articula mediante cuatro secciones: “Los márgenes de la memoria”, compuesta por quince poemas en los que aparece la infancia (“Una lluvia antigua”) y su paisaje perdido (“Entre árboles y juncos”), los recuerdos (“La vida en un recuerdo”), la memoria (“A veces”) o el regreso al pueblo natal (“Las viejas calles”); “Espacio y tiempo”, diez composiciones de corte metafísico en los que la poeta reflexiona sobre el tiempo, y entre los que destaca el nuclear “Se me fueron los días”, en el cual confiesa descarnadamente que “se me fueron los días de todas las semanas, / los meses y los años / que llenaron mi vida de historias sencillas / -el amor y los hijos ocupando su espacio-. / Y la penumbra de mis oquedades solitarias / quedaron a la espera de grandes y arrebatadas / contiendas personales”; en las ocho piezas de “Contrición”, por su parte, aunque muestra su arrepentimiento por haber obrado de manera equivocada y el propósito de actuar en consecuencia lo que quede de existencia, no hay reproche (“Y no es un reproche, ni siquiera una queja. / Es que el tiempo pasó antes / de saber que vivir es efímero”); y “Espejos”, quince teselas donde, asumida esta dolorosa contradicción, se siente parte de una cadena de mujeres que acude a la palabra para ahondar en su condición femenina, en su complejidad, en sus grietas y en sus anhelos. 

Estamos, pues, ante un libro con múltiples tanteos y varios hallazgos, que muestra a una poeta con un gran bagaje lector y con conciencia de oficio, que, sin duda, nos ofrecerá nuevos libros en próximos años.

Autora: María Isabel Luque Muñoz 
Título: El tiempo tras las horas
Editorial: Editorial Cántico 
Año: 2020



(Publicado en Cuadernos del Sur, 12 de diciembre de 2020, p. 10)

sábado, 19 de diciembre de 2020

Obra en marcha: "El uso del radar en mar abierto", de Martín López Vega


Coincidiendo con los veinticinco años de la aparición de su primer poemario, Martín López-Vega ha reunido su “poesía completa” bajo el título de El uso del radar en mar abierto. Poesía 1992-2019 (La Bella Varsovia, 2019). De estos veintisiete años de escritura, según reza en el subtítulo, ha seleccionado aquellos poemas que aún hoy le “interpelan”, por lo que, según confiesa en nota final, “a partir de ahora consideraré este mi único libro (o precisamente por eso), me lo he planteado como un libro nuevo, y he elegido y trabajado los poemas del mismo modo”. 

Dicho esto, bajo Café Luxembourg, título provisional que tuvo Travesías, selecciona tan solo veintiún poemas de sus tres primeros poemarios - Objetos robados (SPPA, 1994), Travesías (Renacimiento, 1996) y La emboscada (DVD, 1999)-, los cuales, según él mismo, “tienen mucho de ejercicio”, por lo que encuentra “ahora la mayoría de sus poemas llenos de torpezas, reiteraciones y pedanterías varias”.  Sin embargo, en ellos se vislumbran algunos pilares de su poética: la mezcla de cotidianidad y cultura, la sobria narratividad cargada de un sutil lirismo, la acertada selección léxica y el tono confesional de los poemas amorosos. 

De los dos volúmenes publicados en 2002, Mácula (DVD, 2002) y Árbol desconocido (Visor, 2002; Premio Emilio Alarcos), por su parte, rescata tan solo diez poemas del primero, que marca un punto de inflexión en su evolución: ante la constatación del agotamiento del discurso de la poesía de la experiencia, decide buscar nuevas formas de expresión poética utilizando una primera persona para  sondear el misterio de la vida, del tiempo, del mundo y de la poliédrica relación establecida con él. 

En este camino de renovación se insertan, asimismo, Elegías romanas (La Veleta, 2004), Gajos (Pre-Textos, 2007), Extracción de la piedra de la locura (DVD, 2006) y Yo, etc..  En el primero, una serie de poemas dedicados a distintos espacios de la ciudad de Roma, se intensifica el tono elegíaco, al tiempo que presenta la cultura y el viaje como eje de coordenadas del sujeto poético. En el segundo, al hilo del viaje, del arte y de la celebración del momento plantea un poema más conciso y directo, con una palabra más despojada. En el tercero, con el que consiguió el Premio de Poesía Hermanos Argensola, en cambio, acude a referentes como el Poema de Gilgamesh o la Divina comedia para plantear, siguiendo con el motivo del viaje, la búsqueda de la realidad tangible y el regreso al origen, a nuestro ADN, para el que son imprescindibles la herida provocada por el camino y la duda, único sostén ante la intemperie del trayecto. Los poemas agrupados bajo el ortegiano título Yo, etc. nunca han aparecido como libro, sino a través de diferentes publicaciones periódicas, de antologías y del blog homónimo- y ofrecen el retrato intimista de una primera persona y de quienes conforman su geografía interior.

Y así llegamos a sus tres libros mayores, en los que encontramos al poeta en plenitud: Adulto extranjero (DVD, 2010), La eterna cualquier cosa (Pre-Textos, 2014) y Gótico cantábrico (La Bella Varsovia, 2017), en los que la palabra bucea descaradamente en la memoria sentimental del yo y el poema deviene más metafísico para hablar del aquí y del ahora, celebrando el instante, la amistad, la familia y el amor, al tiempo que excava con precisión las raíces del universo rural de la infancia y continúa indagando en la identidad cultural del individuo como vía para explorar su compleja y poliédrica interioridad y su relación con el mundo. Se cierra el volumen con ocho inéditos agrupados bajo el título Calle de la vida, que muestran al poeta asturiano en una espléndida madurez y refuerzan la idea de obra en marcha.

Con esta poesía reunida, Martín López-Vega, uno de los poetas más fecundos e inconformistas de entre los nacidos en los años 70,  nos invita a releer su trayectoria poética desde la perspectiva actual del escritor-lector-traductor-crítico. Solo nos queda disfrutar de una travesía para la que son necesarias ciertas nociones sobre el uso del radar en mar abierto. 


Autor: Martín  López Vega
Título: El uso del radar en mar abierto
Editorial: La Bella Varsovia 
Año: 2019



(Publicado en Cuadernos del Sur, 12 de diciembre de 2020, p. 11)


jueves, 10 de diciembre de 2020

"Ahora que es tarde", de José Luis Morante, un itinerario pactado



Con un diseño y un cuidado exquisitos, La Garúa, una de las editoriales independientes de referencia, publica Ahora que es tarde, una extensa selección de la obra poética del escritor y crítico abulense José Luis Morante (El Bohodón, 1956), afincado en Rivas-Vaciamadrid desde 1989, con la que celebra tres décadas de entrega a la poesía, a la mirada paciente y a la palabra reflexiva.  

Autor de una extensa y sólida obra crítica -suyas son tres ediciones críticas imprescindibles editadas por Cátedra: Arquitecturas de la memoria, de Joan Margarit (2007), Ropa de calle, de Luis García Montero (2011) e Hilo de oro, de Eloy Sánchez Rosillo (2014), entre otras  ediciones y prólogos como los de la poesía de Karmelo C. Iribarren, de Javier Sánchez Menéndez o de los aforismos de Juan Ramón Jiménez, por citar solo algunos de sus más recientes trabajos, a los que habría que añadir infinidad de reseñas aparecidas en diferentes periódicos y revistas, además de la actualización de su blog Puentes de papel- y literaria, que incluye un diario, un libro de entrevistas, dos libros de aforismos -Mejores días (2009) y Motivos personales (2015)- y otros dos de haikus –Nubes ( 2013) y A punto de ver (2019)-, Morante ha publicado ocho poemarios: Rotonda con estatuas (Madrid, 1990), Enemigo leal (Sevilla, Ángaro, 1992),   Población activa (Gijón, Ateneo Obrero, 1994), Causas y efectos (Sevilla, 1997; Premio Luis Cernuda), Un país lejano (Barcelona, DVD Ediciones, 1998), Largo recorrido (Madrid, Rialp, 2001; Premio Internacional de Poesía san Juan de la Cruz), La noche en blanco (Barcelona, DVD Ediciones, 2005, Premio Hermanos Argensola) y Ninguna parte (Sevilla, Ediciones de la Isla de Siltolá, 2013). 

Esta singladura poética ha sido recogida previamente en otras dos antologías: Mapa de ruta, (Antología poética, 1990-2010), con prólogo del también poeta Josep Maria Rodríguez, aparecida en 2010 en la mítica colección Maillot Amarillo de la Diputación de Granada, y Pulsaciones, con prólogo de la poeta y editora Rosario Troncoso, aparecida en Takara Editorial, en 2017. No obstante, la presente selección encierra un valor singular más allá de su carácter celebrativo y de la belleza formal de una edición magistral, que hace que el lector disfrute del volumen desde el mismo instante en que lo sostiene entre las manos y se demora en los detalles y en la textura, y es que la selección de los poemas corre a cargo del propio José Luis Morante, con lo que no solo nos ofrece un selfi de su poesía, sino también un mapa conceptual sobre su propuesta ético-estética a fecha de hoy. Además, cuenta con un acertadísimo prólogo del poeta Antonio Jiménez Millán titulado “José Luis Morante: poesía y reflexión”, donde analiza su obra a partir de tres ejes fundamentales -la evolución del sujeto poético y la presencia de la otredad, los enlaces con la tradición literaria y la importancia de la metáfora del viaje-, y con once poemas de un nuevo libro, Nadar en seco, con lo que se refuerza el carácter de obra en marcha, concebida como un proceso continuo de búsqueda. 

En estas tres décadas, la poesía de este artesano, que ha sabido ir configurando una voz propia perfectamente reconocible con tesón y esfuerzo, teniendo siempre presente el concepto de tradición y sondeando en la lectura de los otros el camino de dicha configuración, ha evolucionado desde los moldes de la experiencia hasta una poesía más despojada y desnuda, más reflexiva y sugerente, más contenida y escéptica, más concisa y sentenciosa, que ahonda en lo cotidiano como fuente de inspiración y busca el hallazgo de los pequeños prodigios, de las pequeñas revelaciones que conforman la propia identidad, para establecer un fructífero diálogo con el lector. 

Este discurso comprometido, en tanto y en cuanto se abre a la alteridad y dialoga con el otro, se construye sobre la arquitectura de un impecable verso blanco (especialmente pentasílabos, heptasílabos y endecasílabos, aunque cada vez más explore el alejandrino), de una selección léxica diáfana y precisa y de una construcción de imágenes nítidas.

El resultado es una obra de una profunda coherencia y solidez, que el propio Morante escancia en estos 100 poemas que componen Ahora que es tarde, a través de los cuales pacta un itinerario con el lector que quiera descubrir su obra o revisitarla.


Autor: José Luis Morante
Título: Ahora que es tarde
Editorial: La Garúa Editorial
Año: 2020



(Publicado en Cuadernos del Sur, 28 de noviembre de 2020, p. 11)


sábado, 21 de noviembre de 2020

Poemas idiotas, de Velázquez Juárez

 


Apenas un año después de publicar Sea un arma, donde se recogía una muestra de la poesía visual y de los aforismos de Ismael Velázquez Juárez (Iztapalapa, Distrito Federal, México, 1960), Ediciones Liliputienses vuelve a apostar por el poeta mexicano y edita en España su sexto poemario, Poemas idiotas, publicado en 2019, en Bolivia, por la editorial Electrodependiente.

Bajo un título cargado de ironía, que se mueve entre la provocación y la “captatio benevolentiae”, y que, más allá de la falsa modestia, encierra toda una declaración de intenciones, Velázquez Juárez ofrece 73 poemas sin título, más o menos breves, escritos en metros cortos y aparentemente sencillos, nacidos de las pequeñas anécdotas cotidianas que son trascendidas por el descaro y el desparpajo de quien ve la vida con el escepticismo necesario para buscar un sentido a nuestra torpe e inútil existencia. Y aquí radica la fecunda idiotez de estos poemas.

Concebida la poesía como un instrumento de conocimiento que más allá de buscar respuestas ahonda en las preguntas que nos definen  –como se plantea en el rotundo poema que abre el conjunto, en el cual un hombre excava un túnel sin intención de encontrar salida alguna-, los poemas, en apariencia simples, parten de situaciones triviales para, a través del poder de la palabra directa y despojada, poner el dedo en la llaga de los problemas que preocupan al autor: la incomunicación de la sociedad actual (“un hombre sentado / quieto y mudo / al que le pican / las abejas / lo lame un perro / se le posan las moscas / y se deja cubrir tranquilamente / no es un hombre / es una silla”), el hastío (“¿por qué dios / no nos hizo capaces / de dormir de pie / en mitad de cualquier lugar / a mitad de cualquier cosa / a cualquier hora / justo como hacen los caballos / cuando se aburren del mundo?”), el amor (“tocan / a la puerta / otra vez / no eres tú / salgo por la ventana / y toco / ahora yo / la puerta / nadie abre / otra vez no estás tú / entro por la ventana / y me siento / espero”), la soledad (“que tú vuelvas / y yo no me dé cuenta / ni esa noche / ni al día siguiente / ni al siguiente del siguiente / y siga mi vida / como si nunca te volviera a ver”), la vejez (“envejecer es recordar / lo que no quieres / y olvidar lo que te importa”), la muerte (“cambiar un foco / no requiere / casi nada / otro foco / como alguien / que nace / y se sabe / que es otro / que muere”), la ausencia o dejadez de Dios (“o déjame usar / el tuyo / (me refiero a tu silencio tan omnipotente) / para calmarme / y no pensar / que pudiste / estar ahí / todo el tiempo / pero eras sordo”), la incertidumbre (“los monstruos / no existen / tampoco / somos nosotros / ni los otros / y eso / es triste”) o la propia poesía, como el poema que da título a este volumen sólido y homogéneo que muestra a un poeta en plena madurez creativa: “un / poema / de verdad / es como / un asesino / nunca / se muestra / solo / un poema idiota / lo hace”.

 

Autor: Ismael Velázquez Juárez
Título: Poemas idiotas
Editorial: Ediciones Liliputienses
Año: 2020



(Publicado en Cuadernos del Sur, 7 de noviembre de 2020, p. 8)