martes, 21 de marzo de 2017

"Lope, la Noche. Marta", de José Hierro



"Lope, la Noche. Marta" es uno de esos poemas a los que uno vuelve una y otra vez. Siempre distinto. Cobijo. Abismo. "Descarga. Temblor. Sacudida." Y de los que se regresa otro.
Para celebrar el Día Mundial de la Poesía, esta mañana, el equipo del CEP Peñarroya-Pueblonuevo lo hemos compartido con toda la red asesora de la provincia en la apertura de la jornada formativa que hemos tenido en Fuente Obejuna; ahora, quiero compartirlo con vosotros.

viernes, 10 de marzo de 2017

"El hombre, otro hombre", por Juana Castro

El pasado sábado 4 de marzo, Juana Castro publicó en Cuadernos del Sur una magnífica reseña sobre Vértices, titulada "El hombre, otro hombre". Mil gracias por la generosa y atenta lectura.

Simbólicamente, vértice representa un punto desde donde la luz se ensancha. Luz como conocimiento, interioridad, expresión de sentido. Francisco Onieva toma conciencia de sí y reinventa su identidad de hombre mientras inaugura y asiste la vida de sus dos hijas, Blanca y Marta. Desde la cercanía y el laboreo del padre que de veras ejerce su función de padre reflexiona sobre la tierra, la casa, el paisaje, la infancia, la filiación, la escritura. Y todo ante la mirada y las experiencias de lo otro humano diferente de sí, las niñas. Onieva madura su ser y su trabajo de escritor--poeta casi al modo de un converso: olvidando lo sabido y acercándose a lo nuevo con humildad, desde la certidumbre de una imposibilidad: «vivir el extravío ciego de las mareas, / palpar la transparente síntesis de los nexos / y convertirme en puerta para ti.// Pero no puedo».
El universo de las hijas revierte y refleja el del padre, cambia la mirada y vuelven los recuerdos, trasmutados en sentido de la existencia. La vuelta a la casa familiar; los nervios de un primer día de clase infantil con el fondo de otra memoria, la del primer día de un joven profesor; el encuentro con la muerte, en la vivencia de la muerte del abuelo; la lluvia, el mar, la nieve y la presencia de lo efímero; el circo y su ilusión: Todo lo que las tareas y rutinas de cada día evocan en la memoria y el presente del padre--otro.
Para seguir leyendo, pinchad aquí.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Personal y transferible (II)




No es difícil reconocer un hallazgo. Tras la sorpresa, la descarga y el temblor iniciales paladeo las palabras con la sana envidia de quien descubre en ellas lo que aspira a decir.

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De un buen libro no se puede regresar indemne. Tras la quietud y la reconciliación experimentadas al pasar la última página, es imposible que el lector deje de ser otro.

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Todo libro imprescindible es una puerta de entrada a uno mismo.

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Una persona que lee  es lector solo cuando mantiene la capacidad de extrañarse, de ser un extraño ante el libro.



Si pincháis en este enlace podéis descargaros el PDF completo.

jueves, 9 de febrero de 2017

Basilio Sánchez, "La creación del sentido"


Solidez poética

Construir una poética sólida necesita de un ejercicio de reflexión sobre la propia praxis. Y no todos los autores se atreven a ello. Ni todos los que se atreven salen ilesos. Basilio Sánchez, uno de los poetas imprescindibles de las últimas décadas, es capaz de transitar el inestable y misterioso cable de la palabra asomado al vacío, sin sistema de retención alguno, y revisar sus pasos serenos y seguros, nacidos en la incertidumbre. Ahora recoge algunas de dichas reflexiones en un volumen titulado La creación del sentido, editado con mimo por Pre-Textos. Doce de estas meditaciones aparecieron ya en El cuenco de la mano, una publicación prácticamente imposible de encontrar que vio la luz en el año 2007 en la desaparecida Littera Libros.
El que nos ocupa es un libro heterogéneo, que recoge textos diversos en cuanto al planteamiento y a la técnica compositiva, pero coincidentes en la medida en que suponen un ahondamiento en la memoria del autor, en sus recuerdos, en sus experiencias y en su concepción de la poesía. Así, la estructura autobiográfica no solo los dota de calidez y hace desaparecer la aridez metaliteraria, sino que también permite a Sánchez indagar en las motivaciones de su escritura y en los factores que lo han llevado a la creación literaria. De este modo, la infancia, la memoria, la figura del padre y de la madre, la religión, el cine, las lecturas, la naturaleza, el paisaje rural y urbano, la capacidad fertilizante de la mirada, la pérdida de la que emerge todo escritor, la convivencia del poeta y del médico... se entrecruzan, estableciendo una sutil red de conexiones que va más allá del tono y de la musicalidad, del aliento ético que los nutre, de las repeticiones de ideas, de palabras, de frases e, incluso, de símbolos.
Algunas de las joyas que encierra este libro son Semilla para pájaros o Güelfos y Gibelinos. Precisamente, quiero cerrar esta aproximación con un par de semillas de las que el poeta cacereño deja caer en nuestros surcos: «La incertidumbre, la inseguridad, la sensación de pérdida o extravío es lo que suscita la creación artística» o «El poema no es más que un trazo titubeante que arrastra, necesariamente, una carencia, el estigma de una imperfección, la insuficiencia de no poder representar el mundo –que es a fin de cuentas a lo que aspira la escritura-, sino solo una parte».
Consideraciones propias de quien escribe con la convicción de que el poema es un acto de reflexión moral que germinará en un lector que no puede ni debe regresar indemne de la lectura.

(Publicada en "Cuadernos del Sur", 21 de enero de 2017, p. 4)

martes, 10 de enero de 2017

"Un diario colectivo", de Nacho Montoto


 
El pasado domingo, a medio día, después de correr unos kilómetros entre Pozoblanco y Dos Torres, encendí el móvil y la vida volvió a mostrarse con toda su dureza. Nacho Montoto había muerto. Así, de repente. La conmoción me ha impedido ver que la entrada anterior me dolía, sin que yo me diese cuenta. Ironías del destino, esa misma felicitación que envío a mis amigos y amigas había sido el último wathsapp cruzado con Nacho. 
Por eso, y porque no soy capaz de ordenar mi cabeza y escribir algo él, os dejo con una reseña aparecida hace algunos años en Cuadernos del Sur de su libro Diario del fin del mundo, antes de que existiera este blog.
 
 

Difícil de clasificar. Así es la última obra de José Ignacio Montoto Mariscal, uno de los autores jóvenes cordobeses más prolíficos, capaz de publicar cinco libros en seis años –amén de dos plaquettes previas-. Diario del fin del mundo, editado por el Ayuntamiento de Málaga dentro de la colección Monosabio, es la segunda incursión de Montoto en la prosa, tras Binarios (Sim/libros, 2009). En las 47 piezas breves que la componen, el escritor aborda, a partir de la imagen apocalíptica profetizada por los mayas y teniendo presente en todo momento la crisis económica y de valores en que estamos inmersos, la problemática y las contradicciones del hombre actual. De las cinco partes pretendidamente asimétricas en que se estructura, la más importante es la que da título al conjunto. Todos los textos de esta se articulan a partir de una alusión inicial a otro libro para, a continuación, y a través del monólogo interior, profundizar en diversos personajes y reflejar el carácter poliédrico de la realidad y la complejidad del ser humano, al recoger los pensamientos con la inconexión propia con la que se suceden en nuestro cerebro. Pese a esta multiplicidad de voces, los textos desbordan el ámbito de la individualidad y se conectan con el fin de hacer un retrato colectivo.
Para ello Montoto ha observado con detalle el mundo que lo rodea y, a partir de las conclusiones extraídas, ha tejido los mimbres de un proyecto cuyo tono oscila entre lo meditativo (“La ausencia, habitualmente, produce sequedad en la laringe” o “La indiferencia nos daña”), teñido, en ocasiones, de cierto aire metaliterario (“Escribir un poema es un acto de honestidad”) o filosófico (“La negación del ser es no ser”), lo meramente narrativo (“Hace tres meses tuve un percance con mi jefa. Una tremenda injusticia y mi orgullo me hicieron llorar. No pude contener. Creo que todos somos iguales.”) y lo lírico, como cuando considera que el frío es “un pájaro que habita entre los escuálidos barrotes de una jaula” o el amor, “probablemente, la única oración que nos es innata”.
El resultado es una serie de textos que parten de una anécdota trivial para indagar en el sinsentido de unas existencias incardinadas en una sociedad capitalista vacía que está tocando a su fin, revelándose, más que nunca, la necesidad de un cambio de paradigma productivo y de relaciones interpersonales.

 
 

Autor: José Ignacio Montoto
Título: Diario del fin del mundo
Editorial: Ayuntamiento de Málaga, Colección Monosabio.
Año: 2012
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jueves, 22 de diciembre de 2016

Personal y transferible (I)

Manuel Molina y Leonor Martínez Serrano, compañeros del CEP Priego-Montilla y amigos, han editado una plaquette titulada Elogio de la lectura, con motivo del Día de la Lectura en Andalucía, el pasado 16 de diciembre. En ella se recogen reflexiones acerca de la lectura, las bibliotecas o el oficio de escritor a cargo de Esher Ruiz Córdoba  -actual Delegada de Educación-, Bartolomé Delgado Cerrillo, Elisa Hidalgo Ruiz, Alberto Díaz-Villaseñor, de un servidor, de Pedro Ángel Cabrera Ruiz, de Rafael Ruiz Serrano, José Rey García, Manuel Molina González y Leonor María Martínez Serrano.
A continuación os dejo, las cinco primeras reflexiones que componen un texto fragmentario.



PERSONAL Y TRANSFERIBLE



La patria de todo escritor son sus lecturas.

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El quehacer del escritor nace de las incertidumbres que lo definen y se convierte en un deambular a tientas por uno mismo con la intención de intuir la complejidad de las relaciones establecidas con el fragmento de mundo que le ha tocado vivir. En esta aventura  solitaria, quien escribe encuentra únicamente el asidero de la palabra, que es lámpara y piedra con la que tropieza, sufriendo sus limitaciones y contradicciones.

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La estructura ósea de un escritor es su biblioteca. Por eso, desconfío de aquellos a los que les gusta ser fotografiados entre sus libros. Siempre me ha parecido la impúdica radiografía de un alarde.

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Mi biblioteca es un rectángulo de apenas catorce metros cuadrados cuyo perímetro se me escapa.

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En el indecoroso ejercicio de autodefinición que es toda entrevista, siempre he dicho de mí que soy un lector que, de vez en cuando, acude, por necesidad, a la escritura.