miércoles, 1 de noviembre de 2023
Tres poemas en la revista neoyorkina 'Pratik'
sábado, 15 de enero de 2022
En 'Dios en la poesía española contemporánea', de Antonio Praena
En las Jornadas de Teología 'El verbo en las palabras', el sacerdote y poeta Antonio Praena pronunció una interesantísima conferencia titulada "Dios en la poesía española contemporánea".
Entre las múltiples obras a las que se refiere está la mía. Vaya desde aquí mi más sincera gratitud por sus palabras y por permitirme estar estar junto a autores como Inma Pelegrín, Jesús Beades, Jesús Cotta, Daniel Cotta Lobato, José Mateos, Raquel Lanseros, Ángelo Néstore, Juan García-Máiquez, Alejandro Simón Partal, Sergio Navarro Ramírez, Begoña M. Rueda, Lutgardo García y Carmelo Guillén Acosta.
Aquí os dejo el enlace a la conferencia de Antonio.
viernes, 10 de diciembre de 2021
Exposición 75 años de Adonáis
Para conmemorar los 75 años de vida del premio Adonáis, creado en 1943, se ha preparado una exposición bibliogŕáfica con todos los ganadores y accesits, comisariada por Carmelo Guillén Acosta, que puede ser visitada hasta el próximo 17 de diciembre en la Biblioteca Nacional de Madrid.
Quince años después, he vuelto a sentir un vértigo similar a aquel 18 de diciembre, cuando recibí una llamada de teléfono mientras preparaba unos espaguetis (el trabajo me impidió acudir a la ceremonia del fallo) y unas horas después vi mi nombre en la web de Rialp, junto al de tantos maestros y voces esenciales de la poesía del XX.
El honor de estar en esa nómina de ganadores y accesits se veía multiplicado por el hecho de que el libro gustase a un jurado compuesto por Diego Jesús Jiménez, Antonio Colinas, Joaquín Benito de Lucas, Julio Martínez Mesanza y Carmelo Guillén Acosta.
Pero, además de ese vértigo, el premio deja una suerte de fraternidad con muchos de los premiados, cuyas apuestas estéticas respeto y admiro. Junto a amigos previos como José Luis Rey, Joaquín Pérez Azaústre, Rafael Antúnez o Rogelio Guedea, conviven amigos como Raquel Lanseros, Javier Vela y, muy especialmente, mi querido Antonio Praena, al que me unió aquel accésit compartido, y poetas a los que aún no conozco en persona pero que siento muy cerca, como José Gutiérrez Román, María Higueruelo, Diego Medina Poveda y, sobre todo, Rubén Martín Díaz, con quien comparto múltiples hilos vitales y literarios.
miércoles, 25 de agosto de 2021
'Los que miran el frío' cumple diez años
El concejal de Cultura de Villanueva del Duque, Tomás Ruiz, me pidió una colaboración para la revista de "no feria ni fiestas" de este 2021. Dado que se han cumplido diez años de Los que miran el frío, que tanto le debe a Villanueva del Duque decidí escribir sobre ello. Comparto con vosotros el texto publicado.
El pasado mes de junio se cumplieron diez años de la aparición de Los que miran el frío, que, aparte de ser reconocido con el premio Andalucía de la Crítica a la Ópera Prima, me regaló la satisfacción de cientos de lectores.
El libro, cuidadosamente editado por Ediciones Espuela de Plata (de la editorial sevillana Renacimiento), es un conjunto unitario formado por nueve relatos ambientados en un pequeño pueblo del norte de Córdoba, Retamal, que fue línea de frente durante los tres años que duró la guerra civil. Bajo este espacio mítico se encuentra, como cualquier vecino puede intuir, Villanueva del Duque, cuyo origen está en un pequeño asentamiento así denominado que los investigadores sitúan en el actual barrio de la Fuente Vieja. Este detalle, en apariencia intrascendente, encierra toda una declaración de intenciones: a la hora de recrear el pasado huyo de visiones edulcoradas y apuesto por la seriedad y el rigor histórico, sin olvidar en ningún momento que estoy creando una obra de ficción, con lo que la información se hilvana como mejor interesa narrativamente, buscando siempre la verosimilitud.
Más allá de la repetición de símbolos, imágenes y motivos, y de la presencia de unos personajes que deambulan por varios cuentos, el auténtico protagonista es el frío, que simboliza la derrota, el dolor y la humillación. Este frío condiciona la mirada de unos personajes que se afanan en sobrevivir un día más en un mundo hostil y los mueve a actuar.
Aunque se ha escrito muchísimo sobre la guerra civil en Los Pedroches, ningún escritor se ha atrevido a zambullirse en un momento tan doloroso de nuestra historia reciente –salvo la visión dulce que Juan Eslava Galán hace en La mula, novela escrita durante su breve estancia en Pozoblanco, que tiene como protagonista a un acemilero franquista que, al final del conflicto, cruza la línea de frente en busca de su mula y vive una serie de hilarantes peripecias en nuestra sierra-. Como mucho, hay quien ha hecho referencia a algún episodio esporádico que ha pervivido en la memoria colectiva, quien ha escrito algún cuento ocasional o quien se ha ocupado de la posguerra. Ese era uno de los riesgos que asumía: centrarme en esos tres años en los que un frente estático, con ligeras variaciones, dejó terribles historias de supervivencia, de derrota y de sufrimiento; y que el resultado fuese creíble.
Sin duda, el momento más estudiado y más llamativo literariamente se corresponde con la batalla de Pozoblanco, que tuvo lugar entre marzo y abril de 1937, y cuyos combates más intensos y sangrientos se llevaron a cabo en las calles de Villanueva del Duque y Alcaracejos. Esta batalla fue una de las grandes victorias del ejército republicano y supuso una concentración de fuerzas sin precedentes por parte de ambos bandos; no en vano, sirvió como ensayo de la batalla del Ebro y como banco de pruebas para los tanques y los cazas alemanes e italianos.
Por supuesto, Los que miran el frío es ficción, pero tiene un importante aporte histórico. En este sentido, hay una ingente labor de documentación que me llevó a leer todas las fuentes escritas disponibles, a caminar por los lugares donde quería situar muchas escenas y, sobre todo, a echar largas horas de agradable conversación con algunas de las personas mayores que sufrieron el enfrentamiento fratricida, quienes contribuyeron a crear la atmósfera de los relatos. Desgraciadamente, ya no están con nosotros ni Benedicto Cabrera Blasco ni Resurrección Quebrajo Fernández ni Josefa Granados Medina, abuela de mi mujer, a quien está dedicado el libro; pero su aliento se percibe en esta reconstrucción de Villanueva del Duque que late en cada página.
Con motivo de este artículo, he llevado a cabo el extraño y desasosegante trabajo de relectura de lo publicado y debo confesar que, una década después, aunque me ha costado reconocerme en ciertos momentos, sigo viendo con total nitidez los espacios y personajes que hacen de este libro un instrumento privilegiado para adentrarse en un momento crucial de la historia de nuestro pueblo y de Los Pedroches, en el cual se configuran muchas de las señas de identidad de ambos.
A continuación, os dejo un fragmento de “Entre líneas”, en el que recreo una historia real encontrada en la prensa de la época: en unos días en que el pueblo fue tomado varias veces por unos y por otros y se luchó casa a casa, cuatro milicianos defendían la posición desde el campanario de la Iglesia de San Mateo con una ametralladora. Cuando los suyos abandonaron la localidad, no pudieron acompañarlos y siguieron disparando durante tres días contra todo lo que se movía. Finalmente, fueron apresados y ejecutados en la plaza para que sirviera de escarmiento a los pocos vecinos que quedaban.
*****
Al caer la noche, una ametralladora, controlada por un sargento de milicias y tres soldados, recorría desde el campanario lo que quedaba del pueblo, de modo que los organizados batallones rebeldes tenían que moverse casi a gatas entre los cercados y los escombros para sortearla. Los cuatro milicianos escudriñaban el perímetro desolado y disparaban contra cualquier bulto que rompiese las siluetas. En la oscuridad intuían las colinas de Las Chorreras y las sombras de los eucaliptos que anunciaban la estación de Las Viñas, donde se encontraba una batería a las órdenes del capitán Francisco Blanco Pedraza. Él y el coronel Morales eran la única esperanza que les quedaba. Cada vez que la oían rugir por el este se agarraban a la vida. Solo tenían que resistir y esperar a que los suyos volviesen a tomar Retamal. Tenían como misión dificultar el avance de las tropas de Queipo para que no asentase una estructura defensiva y apoyar la entrada de las Brigadas 20 y 25. Habían conseguido que los fascistas retirasen la batería de montaña improvisada en la plaza de Pablo Iglesias para bombardear la colina sobre la que se levantaban la ermita y el camposanto.
-¡Por allí van cuatro fascistas! –dijo uno de los milicianos, que llevaba un casco verde abollado y que, cuando fumaba tabaco de picadura, aspiraba hondo después de dejarse caer el cigarrillo al lado izquierdo de la comisura de los labios. -¡Veréis cómo tumbo a alguno! – Apretó el gatillo dos veces tan seguidas que parecía todo un mismo disparo. Inmediatamente los otros milicianos vieron desplomarse sendos cuerpos y se sucedieron los comentarios eufóricos que les hacía olvidarse, aunque fuese por unos segundos, de la precaria situación en que se encontraban. No tenían escapatoria. Se sentían como las personas mayores que no habían podido salir del pueblo y que, en más de una ocasión, veían ir desde el corral al interior de sus casas o moverse por las ruinas donde antes vivían.
De los cuatro, tan solo el soldado Bautista, un joven moreno y alto que siempre llevaba el gorro cuartelero doblado sobre el hombro de la camisa, sabía escribir. Aprovechaba las lentas horas del día agazapado entre las rocas para hacerlo, pues cada uno le había pedido una carta de despedida a sus respectivas familias. El más joven, David, un soldado gaditano de apenas 18 años, lo miraba en silencio. Le había encargado una para la novia que no volvería a ver. Nunca se la entregaría; no obstante, pensar que alguien podría dársela cuando él muriese le hacía no desesperar. Si los cogían, siempre que no los matase antes una bomba, los fusilarían y los cuerpos serían arrojados a una fosa, como tantas otras que él había visto; por ello, lo mejor sería que la carta no estuviese con él. Decidió guardarla en la escalera que conducía a la torre, en un hueco que quedaba entre las piedras de la pared. Si alguien la encontraba y la leía, quizá creyera conveniente hacérsela llegar a la auténtica destinataria.
Bautista escribió tres cartas, sin embargo no tuvo valor para escribir la suya. Se limitó a coger el machete y, mientras el pueblo permanecía en una quebradiza y agónica calma, grabó su nombre y el de su novia sobre la piel de la piedra herida. Al rasgarla lamentaba no haberlos escrito nunca en el tronco de un álamo.
Las cajas de munición se vaciaban con rapidez y no tenían comida. No dormir durante dos noches, paradójicamente, les permitía no tener sueño. El pueblo se iluminaba al ritmo de las explosiones de las bombas, los obuses, los cartuchos de dinamita, las granadas y las ráfagas de ametralladora. Apenas intuían dónde se encontraban los suyos. Los grupos reducidos de dinamiteros, los pelotones de seis o diez soldados que improvisaban un parapeto tras los escombros para intentar controlar una calle y las patrullas que violaban la quietud de los hogares abandonados a la busca de adversarios eran objetivos fáciles para un sargento de milicias y una ametralladora.
En no pocas ocasiones llegaron a disparar, intencionadamente, contra los que llevaban su mismo uniforme. Se trataba de pequeños grupos de resistencia entre las casas que, al ser sorprendidos por el rival, se rendían para salvar la vida o que, aprovechando el desorden de la lucha casa a casa, querían pasarse al bando contrario.
Los últimos disparos que salieron de la torre con un sentido concreto fueron la noche del 14 de marzo, cuando las brigadas republicanas contraatacaron para hacerse con el control de la carretera de Peñarroya. El día 15, en cambio, tras comprender que los suyos habían dejado Retamal –y a ellos- en manos hostiles, el desánimo se propagó entre los cuatro, que disparaban sin ton ni son, buscando un destello en el horizonte que les permitiese seguir pensando en un mañana, al tiempo que intentaban rechazar, como podían, el asedio al que estaban sometidos.
Al notar que los enemigos estaban en el interior de la iglesia trabaron la vieja puerta de madera que daba acceso al campanario. Eran conscientes de que se trataba de una frágil resistencia que no aguantaría las embestidas.
-Lo único sensato que podemos hacer es rendirnos –sentenció el sargento-. Apenas nos queda munición. Cuando se den cuenta de que no tenemos balas, entrarán a por nosotros y esa puerta no aguantará mucho.
-Eso nunca. Antes muerto –le repuso uno de los supuestos subordinados-. Si nos rendimos nos fusilarán. Si no quieres defender este puesto, entrégate tú; pero ni yo ni la ametralladora bajaremos de esta torre, si no es con los pies por delante.
David contemplaba la escena. La tensión iba en aumento, hasta el punto de que el sargento tuvo que apuntar a la frente del insubordinado para sofocar el conato de rebeldía. Compartía las palabras del compañero, sin embargo sabía que debía obedecer a un superior. Además, fuese cual fuese su actuación, morirían; por eso callaba y no tomaba partido, mientras su memoria volaba lejos de los despojos. Sin apenas tener tiempo de reaccionar, se vieron rodeados por tres fusiles. Para ellos no había posibilidad de cambiarse de bando. Técnicamente no se habían rendido y, además, habían causado demasiadas bajas al contrario. Solo había una manera de redimir la culpa que habían cometido. Serían un ejemplo para los pocos que quedaban en el pueblo de la justicia de la nueva España.
Tras leer el sufrimiento en los ojos del miliciano anónimo, Elías levantó la mirada hacia la desmochada torre, donde sabía que el próximo febrero no volverían las cigüeñas.
domingo, 25 de abril de 2021
'Iluminaciones' apoya a Poetas por el clima, en Paradigma radio.
Comparto con vosotros 'luminaciones', el poema que abre "Vértices", leído el pasado jueves en el magazine "¡Qué tal! ¿Cómo estamos?", de Paradigma radio, como uno de los firmantes del manifiesto de Poetas por el clima. Vaya desde aquí mi gratitud a Enrique Rodríguez, presentador del programa.
lunes, 19 de abril de 2021
En "Once maneras de mirar un microrrelato"
La asociación Mucho Cuento, con la colaboración de la Escuela de Artes Mateo Inurria, ha inaugurado en la sede de la Fundación Gala la exposición colectiva "Once maneras de mirar un microrrelato", donde palabra e ilustraciones se funden.
Es un placer compartir espacio con autores como Pilar Adón, Inés Mendoza, Rafael Mir, Isabel Leña, Victoria Quiles, María José Lucena Flores, Emilio I. García Criado, Manoli Requena Gutiérrez, Manuel A. Jiménez y Rafael Sillero Fresno.
Asimismo, es una satisfacción que un micro mío sea ilustrado por Isabel Carrera Ruiz. Gracias, desde aquí, a los alumnos y alumnas de la Escuela de Artes Mateo Inurria y a sus profesoras, Sara Moyano y Estefanía Muñoz. Vaya también mi gratitud para la asociacion Mucho Cuento, por la labor que lleva a cabo en la divulgación del cuento y del microcuento, y por contar conmigo para este magnífico proyecto.
domingo, 21 de marzo de 2021
Día Internacional de la Poesía
lunes, 8 de febrero de 2021
En "Versos en Al-Ándalus"
Agradezco a los amigos de Poesía "Versos en Al-Ándalus", en especial a José Luis Clavero, que me invitasen a leer algunos versos para su página de Facebook (la pandemia obligó a anular una lectura con ellos en mayo). Comparto con vosotros este vídeo que publicaron el pasado 30 de enero y en el que repaso cinco poemas de Vértices.
martes, 15 de septiembre de 2020
"Un aplauso interior", el libro de #PoemasEnCuarentena
"Un aplauso interior" es el título del prólogo que he escrito para el libro que se está gestando a partir de la iniciativa de apoyo a nuestros sanitarios llevada a cabo entre marzo y abril: #PoemasEnCuarentena. Puesto que teníamos la intención de que el libro estuviera listo para este atípico inicio de curso y ante la preocupante situación que volvemos a vivir -queda comprobado que el ser humano no es capaz de aprender de las situaciones de crisis-, quiero compartir con todos vosotros las páginas que escribí a finales de junio y primeros de julio, en las que callo más de lo que digo -no olvido ni la finalidad de la iniciativa ni la del libro ni, por supuesto, la dimensión educativa de un proyecto en el que también ha participado del alumnado del IES Antonio María Calero-.
La práctica totalidad del prólogo vio la luz a mediados de agosto en una modesta publicación de la Asociación Cultural Santa Bárbara, de cuya directiva forma parte Julio López, "En honor a nuestra Feria y Fiestas". Ahora lo comparto con todos vosotros, con el deseo de que el libro vea la luz pronto y de que los fondos que se recauden puedan ser invertidos en la lucha contra el Covid-19 (gracias al Ayuntamiento de Pozoblanco y a la gerencia del Área Sanitaria Norte de Córdoba por hacerlo posible).
UN APLAUSO INTERIOR
Escribo estas páginas cuando muchas personas piensan que el coronavirus ha
desaparecido de nuestras vidas y empiezan a planear o disfrutar de unas
vacaciones en la playa o en una casa rural, a reunirse de manera muy relajada con
amigos en barbacoas privadas o en la ficticia inmunidad de las terrazas. Son
las consecuencias lícitas de haber fabricado una imagen demasiado amable de la
pandemia y de la innata complejidad del ser humano. Junto a estas, vemos a
diario una serie de efectos ilegítimos y, por tanto, denunciables y
sancionables, que empezaron a aflorar en la primera fase de desescalada, una
extensa y dolorosa lista de comportamientos egoístas, incívicos, irresponsables
y destructivos de una minoría demasiado numerosa que insulta a cada uno de los
más de 28 000 muertos, a los profesionales que cuidan de nosotros y trabajan
por nuestra seguridad, a quienes altruistamente dan lo mejor de sí mismos para
ayudar a los demás (tejiendo mascarillas, imprimiendo viseras de protección,
asistiendo a los más vulnerables, entregando parte de su suelto sin pregonarlo,
donando sangre…) y a los que respetan unas normas pensadas para protegernos a
todos. Tal vez, si se hubiese
transmitido una visión menos edulcorada, más crítica y ajustada a la realidad
de lo que hemos vivido entre los meses de marzo y mayo, la situación actual sería
distinta.
Creo, sinceramente, que los himnos colectivos, las fáciles consignas de
autoayuda, los balcones convertidos en escenario y el anestesiante empleo de la
expresión “nueva normalidad” han jugado un papel importantísimo en la
construcción de esta visión suavizada del trágico momento que vivimos,
contribuyendo a que no seamos conscientes de la gravedad del mismo y a que
mucha gente no comprenda que, a nivel global, la pandemia se está acelerando y
está alcanzando nuevos máximos de muertes y contagios a diario; pero, al mismo
tiempo, han servido para reducir los efectos negativos que el confinamiento puede
generar en el ánimo de las personas al protegernos con una fingida y frágil
sensación de seguridad, de compañía y de compromiso cívico, y, además, la
salida a los balcones ha permitido empatizar más con los vecinos y
solidarizarnos, sintiéndonos parte de un proyecto global –aunque, en ocasiones,
se hayan convertido en improvisado “Bouleterion”
promovido por el odio y la crispación que inundan las redes sociales-.
Pese a reconocer sus beneficios terapéuticos –yo también he construido
arcoíris con mis hijas-, descreo de las letanías y de los mantras que buscan
acotar la incertidumbre y la desazón, confinando el miedo ante lo desconocido y
lo imprevisto, y prefiero zambullirme en la duda para conocerme, para entender la
sociedad en que vivo y para sondear los misterios de nuestra existencia,
nuestras contradicciones y nuestras grietas. No obstante, como ser poliédrico
que soy, tengo un puñado de certezas: soy un funcionario que defiende la
sanidad pública y que, desde que cotiza a Muface, siempre ha elegido la
Seguridad Social como entidad médica; un
ciudadano convencido de que los dos pilares fundamentales sobre los que ha de
sustentarse cualquier sociedad que quiera mirar al futuro con garantías son una
educación pública y una sanidad pública de calidad; un hombre que agradece la
vida que se le ofrece e intenta disfrutar de cada instante, sabiendo que el
camino será breve…
Dicho esto, mi aplauso, como el de muchos, ha sido un aplauso interior, sobrio,
hondo, confiado, lleno de gratitud hacia los trabajadores de la sanidad pública
y hacia aquellos que realizan trabajos esenciales y nos cuidan, pero también un
aplauso herido por cada muerte –nos hemos acostumbrado a la frialdad de las
estadísticas y hemos asumido como positivas unas cifras diarias de muertos que
escandalizan- y, por ello, sin exhibición ni suntuosidad. Las palmas suenan
distinto en la desnudez de la piel.
Con estas contradicciones internas nace #PoemasEnCuarentena, una iniciativa
en la que durante 69 días la poesía se ha sumado a los aplausos que han
inundado de gratitud, de vida, de esperanza, de solidaridad y de reconocimiento
nuestros balcones.
Todo comenzó el 28 de marzo, cuando Julio López, jefe de la sección de informática
del Área Sanitaria Norte de Córdoba, me telefoneó. Curiosamente, y como si de
una secreta sinergia se tratase, dos días antes leí, a través del muro de
Facebook del poeta Álvaro Valverde, la noticia publicada por el periódico
cacereño Hoy sobre la situación de
las unidades de cuidados intensivos y el trabajo de Basilio Sánchez, jefe de la UCI del complejo hospitalario de Cáceres y uno
de mis dos poetas de cabecera. Nada más leer sus palabras, a la admiración que
siento hacia el escritor y hacia la persona se sumó mi admiración y mi respeto hacia
el médico, y nacieron estos versos:
Admiro al hombre que ha heredado un nogal
y ofrece a los demás hombres su sombra
con la palabra exacta hecha murmullo,
como cuidado intensivo del cuerpo
y cuidado paliativo del alma.
Sentía la necesidad de mandarle mi apoyo
y mi abrazo y cometí el atrevimiento de hacerlo por correo electrónico. Su
respuesta, que obviamente queda en el ámbito de lo privado, me llegó el
domingo, un par de horas antes de la llamada de Julio.
Apenas hicieron falta unos segundos para que Julio y yo nos entendiésemos. Había
que transmitirles fuerza y ánimo a los profesionales sanitarios, que sintieran
el tacto solidario, confiado y cálido de la mano de la poesía en el hombro
durante las semanas más duras de la pandemia. Debo reconocer que, aunque estoy
convencido de que las personas le damos valor a lo realmente importante cuando
nos enfrentamos a una situación de crisis, me estremeció la conversación. Me
conmovió que, justo en el momento en que los hospitales estaban al borde del
colapso, desde el Área Sanitaria Norte de Córdoba se acordaran de la poesía
como compañera de viaje, capaz de mover el ánimo, de servir de aliento cuando
faltan las fuerzas, de cauterizar las heridas, de inaugurar caminos de
esperanza, de crear lazos entre las personas...
Invitaríamos a todos los escritores y escritoras de Los Pedroches y del
Valle del Guadiato con, al menos, un libro publicado para que se sumaran a esta
travesía y les pediríamos que crearan un haiku para transmitir energía,
aliento, amparo y sostén. Esos eran los únicos requisitos formales y temáticos.
El haiku es una estrofa japonesa compuesta tan solo por tres versos de cinco,
siete y cinco sílabas, normalmente sin título ni rima, que nace de la
contemplación de los pequeños detalles e intenta detener un instante en
apariencia intrascendente, pero que encierra un prodigio capaz de activar el
pensamiento, todo con una palabra sencilla, sin artificios.
Cada día se difundiría uno de estos breves poemas a través de un canal de comunicación interno entre los
sanitarios, en el cual aparecen mensajes anónimos de ciudadanos y consejos de
compañeros psicólogos, y a través de la página de Facebook del Área Sanitaria
Norte de Córdoba, justo después de los aplausos que llenaban los balcones a las
ocho de la tarde. De este modo, y estableciendo un curioso juego de espejos
cervantino, los profesionales del ASNC agradecían y devolvían el calor del
aplauso recibido mediante el haiku que un escritor o escritora de la provincia
les había ofrecido como presente de gratitud, apoyo y reconocimiento. Así, se
lo hice saber a todos los escritores y escritoras que conozco del norte de la
provincia, que, en su inmensa mayoría, se sumaron a la iniciativa. A todos
ellos les doy las gracias por su colaboración.
Las redes sociales, los medios de comunicación provinciales y
el boca a boca le dieron a esta modesta aventura un eco no pensado y, ante el
interés de varios poetas del resto de nuestra provincia de sumarse a la
iniciativa, decidimos redefinir horizontes y fronteras (como dejó escrito un
gran poeta y amigo). Contacté con todos aquellos con que comparto redes sociales
o tengo su teléfono o correo electrónico. La respuesta superó todas las
expectativas y, a pesar de algunas ausencias -permítanme que, por respeto y
amistad, me reserve las razones de aquellos que me lo han hecho saber- ha
quedado una radiografía muy interesante del estado de salud que goza la poesía
en nuestra provincia. Vaya desde aquí mi gratitud a todos y cada uno de los que
se han sumado desinteresadamente a este proyecto.
Pero como uno, además de escritor es profesor, no me olvidé del potencial didáctico
que encierra la escritura creativa y de que es una herramienta privilegiada para
trabajar las emociones del alumnado e intentar mitigar los efectos del
confinamiento. Así, a mis compañeros del departamento de Lengua Castellana y
Literatura del IES Antonio María Calero les propuse trabajar con nuestro
alumnado los haikus durante algunos días de confinamiento y teletrabajo.
Gracias desde aquí a todos ellos por su implicación y, por supuesto, a los más
de 250 alumnos y alumnas que se han atrevido a escribir un breve poema -de
ellos, se han seleccionado un centenar que han inundado el canal interno de
comunicación del Área Sanitaria Norte de Córdoba y que ahora ven la luz en
forma de libro-. Mi más sincero agradecimiento a ellos y mi deseo de que encuentren cobijo
en la literatura y de que esta actividad les haya servido para afianzar su
compromiso cívico y su responsabilidad.
Asimismo, es justo agradecer a Julio López su trabajo y su
confianza en mí, y a Juanlu Dorado y a Pilar Cámara, de bluebird comunicación, el
exquisito diseño de las tarjetas que han circulado por las redes sociales. Con
ellos esta aventura ha sido mucho más fácil.
Aunque #PoemasEnCuarentena ha sido un grano mínimo, como las diecisiete
sílabas de la estrofa que nos ha servido de vehículo de comunicación, creo que
hemos conseguido el objetivo inicial, al tiempo que hemos intentado concienciar
a los más jóvenes de la gravedad del momento actual, de la responsabilidad que
como ciudadanos tenemos con el resto de la sociedad y de que, por tanto, de
nuestras acciones depende la salud de todos.
Solo me queda pedir al lector –y
espero que no lo perciba como indiscreción- que, más allá del gesto solidario
de adquirir este libro, se detenga durante un par de minutos y haga un profundo
y sincero ejercicio de conocimiento interior, que piense realmente en la
responsabilidad que genera vivir en sociedad, en su compromiso con el resto de ciudadanos
y en el civismo de sus acciones cotidianas. Más allá del uso de la mascarilla,
del distanciamiento social o de la cuarentena, serán las medidas personales e
intransferibles que se desprendan de dicha reflexión, ante las que no caben
regulación normativa, las que nos protegerán y permitirán reducir el número de
contagios, evitando el temido colapso del sistema de salud y, por tanto,
permitiendo un tratamiento lo más adecuado posible a los pacientes, reduciendo,
así, el doloroso número de muertes. El Covid-19 no ha desaparecido. Tenemos que
aprender a convivir con él y a ser paraguas unos de otros.
Esta debería ser una de las
lecciones aprendidas de esta crisis, de la que se debe volver otro, distinto. Ahora
que parece apagarse la confianza en la esperanza y en la necesidad de que un
nueva luz alumbre un mundo que se desmorona, quiero seguir creyendo que debemos
aprovechar este momento para cambiar nuestra forma de relacionarnos con el
resto del planeta.
Sin más, me despido deseando que este
aplauso interior, este apoyo y reconocimiento a nuestros profesionales de la
sanidad pública, se repita cada día, lejos de himnos colectivos y de adornos
superfluos, como un compromiso íntimo y una confianza en el bien común. Que la
gratitud a ellos –y a todos los trabajadores esenciales- sirva también para
honrar a nuestros muertos y cuidar a nuestros vivos.
Pozoblanco, 4 de julio de 2020.
martes, 9 de junio de 2020
#PoemasEnCuarentena
Hoy hemos cerrado 71 aplausos compartidos de los escritores de toda la provincia de Córdoba a los profesionales del Área Sanitaria Norte de Córdoba, que no dejan de ser una metonimia de todos nuestros sanitarios.
Esta aventura, que empezó el 1 de abril, ha ido ampliando horizontes y fronteras (como dejó escrito un gran poeta y amigo), para convertirse en uno de los acontecimientos culturales más destacados de toda Andalucía durante el confinamiento. Es más, no tengo constancia de ninguna otra actividad similar en toda España.
Trabajar de nuevo con Julio López y conocer a Juanlu Dorado y a Pilar Cámara, de bluebird comunicación, ha hecho más fácil esta aventura.
No quiero repetir lo ya dicho ni que esto suene a despedida, porque este aplauso interior, este reconocimiento a nuestros sanitarios y este apoyo a la sanidad pública debe repetirse cada día, lejos de himnos colectivos y de adornos superfluos, como un compromiso íntimo y una confianza en el bien común.
Además de estos 71 escritores, algunos amigos y conocidos y más de 250 alumnos y alumnas del IES Antonio María Calero han escrito un haiku de apoyo a nuestros sanitarios en los momentos más duros de la pandemia, habiendo sido seleccionados casi 150. Vaya desde aquí mi gratitud a todos ellos.
Solo me queda adelantar que con todos estos haikus editaremos un libro cuyos beneficios, como no podía ser de otra manera, irán destinados íntegramente a la lucha contra el Covid-19.
Comparto con vosotros algunas de las noticias y entrevistas que han salido de esta iniciativa:
- Entrevista en Cadena COPE
- Entrevista en Ruralpedia
- Noticia en Diario Córdoba
miércoles, 27 de febrero de 2019
En el estudio de...
El pasado jueves 21 de febrero apareció en el ABC este reportaje firmado por mi buen amigo Félix Ruiz Cardador, dentro de su serie "En el estudio de...". Aprovecho para darle las gracias por el magnífico trabajo y por el retrato impresionista que ofrece. La fotografía en esa sala de estudio ordenada para la ocasión es de otro amigo, Rafa Sánchez Ruiz.
miércoles, 16 de enero de 2019
Solienses analiza mi discurso de ingreso en la Real Academia de Córdoba
Bajo el título "Rodríguez de León y Ranchal: dos aproximaciones distintas al acto literario", me acercaba a dos personajes coetáneos vinculados a Villanueva del Duque, que desde hace años forman parte de mi geografía personal. Aunque sean más conocidos por su actuación como políticos durante la II República -el primero fue gobernador civil de Córdoba en el momento del golpe de estado del 18 de julio; el segundo, alcalde socialista de Villanueva del Duque-, ambos acudieron a la literatura, movidos por diferentes intereses e inquietudes.
Vaya desde aquí mi gratitud a Antonio Merino por sus palabras.
En el siguiente enlace podéis acceder al discurso íntegro.
sábado, 10 de noviembre de 2018
Entrevista en "Piezas", de Canal 54
El pasado 23 de octubre, el nuevo programa cultural de Canal 54 Pozoblanco, "Piezas", que pretende dar a conocer a los creadores de nuestro municipio, emitió su segunda entrega, dedicada a Rafael Sánchez y a un servidor. Aunque cada vez que me veo y me oigo, siento la incomodidad de quien se enfrenta a otro yo, a un impostor, a un alter ego desconfiado, os dejo el vídeo. No sin cierto pudor.
domingo, 3 de junio de 2018
Homenaje a Pablo García Baena en "Suspiro de Artemisa"
viernes, 18 de mayo de 2018
Antonio Colinas, esencial
El sábado 12 de mayo tuvo lugar el acto de entrega del Premio de Poesía Ciudad de Cabra a Antonio Colinas por el conjunto de su obra, entre la que destacaría por la influencia que han tenido en mí como lector y escritor Preludios a una noche total, Sepulcro en Tarquinia, Noche más allá de la noche, Tiempo y abismo o Desiertos de la luz. Para mí fue un gran honor y un placer poner voz a uno de los poemas del maestro leonés, "Desiertos de la luz", del libro homónimo.
De repente, he recordado que en 2015 colaboré con un poema titulado "Escribo", junto a otros 53 poetas, en un libro homenaje con motivo de los cuarenta años de la publicación de Sepulcro en Tarquinia. En el volumen, publicado por La Isla de Siltolá, y coordinado y editado por Ben Clark, que también estuvo en Cabra, colaboraron autores de la talla de Antonio Gamoneda, Pablo García Baena, Francisco Brines, Antonio Carvajal, Clara Janés, Jaime Siles o Chantal Maillard, por citar solo algunos.
jueves, 19 de abril de 2018
Ana Castro y "Vértices"
Durante la entrega el pasado domingo 8 de abril del Premio Solienses a Ana por El cuadro del dolor, hubo muchos momentos mágicos entre la luz y los muros de Pedrique. De todos esos instantes, en mi retina quedará el encuentro de Ana con Blanca y Marta.
lunes, 9 de abril de 2018
20 años
"Cuando de casi todo hace ya veinte años..." solía repetir Jaime Gil de Biedma, con un inevitable tono melancólico, al recordar sus años de juventud y los inicios del grupo de los cincuenta.
El 8 de abril de 1998, un joven recitaba en el bar Can Can, dentro del ciclo "Noches de Can Can", algunos de los poemas con los que estaba tejiendo su primer libro y otros que no llegaron a formar parte de él. Con motivo de aquella lectura, Raúl Alonso publicó un cuaderno, adelanto de Los lugares públicos, en su editorial "El Minotauro". Vaya desde aquí mi gratitud por aquella oportunidad.
Desde entonces, y puesto que veinte años sí es algo -como matiza Luis García Montero al reeditar sus Habitaciones separadas-, han ido viendo la luz los libros y cuadernos que hoy he dispuesto ritualmente sobre la mesa en que suelo leer y escribir. Varios de ellos llevaban años reposando en los anaqueles de mi desordenada biblioteca.
sábado, 17 de marzo de 2018
"Bibelot", en "Cada palabra cuenta"
Como me fue imposible asistir a la presentación, no he podido ver el volumen hasta que mi buen amigo Paco Carrasco me lo ha hecho llegar. Solo puedo tener palabras de gratitud para esta asociación, que tanto está haciendo por la narrativa corta, por contar conmigo para este proyecto.
martes, 31 de octubre de 2017
Tres flashes de octubre
Y con el cambio de hora y la llegada del otoño se cierra el mes; no sin antes encontrarme con otro regalo: "Padre, hijas, luz e incertidumbre: la poesía de Francisco Onieva", un estudio firmado por Ioana Gruia, que ha visto la luz en el volumen 3, número 64, de la revista suiza Versants, en la que, bajo el subtítulo "Poesía española en los albores del siglo XXI", se analizan algunas de las apuestas estéticas de la poesía española del nuevo siglo. Dicho estudio ha sido presentado hoy como ponencia por la profesora de la Univesidad de Granada en el congreso "La poesía española en los albores del siglo XXI", que se celebra en la Universidad de Zúrich (Suiza) entre los días 30 y 31 de octubre.
Vaya desde aquí mi más sincera gratitud a las personas culpables de estos tres momentos tan intensos: Antonio Agredano, Raúl Alonso y, muy especialmente, a Ioana Gruia, por la confianza depositada en mis versos.
miércoles, 16 de agosto de 2017
"Vértices" en "Puentes de papel", de José Luis Morante
Contento y agradecido por esta nueva lectura de Vértices, que sigue encontrando lectores-refugio, realizada por el escritor y crítico José Luis Morante en su blog Puentes de papel.
Para seguir leyendo, sigue este enlace.


























