lunes, 18 de noviembre de 2013
José Antonio Santano escribe sobre 'Las ventanas de invierno'
Ayer, la columna "Salón de Lectura" del poeta y crítico andaluz José Antonio Santano estuvo dedicada a Las ventanas de invierno. En el siguiente enlace se puede acceder a la versión digital del Diario de Almería.
La reseña también puede leerse en El olivar de la luna, el blog personal de Santano.
domingo, 10 de noviembre de 2013
martes, 5 de noviembre de 2013
Rodrigo Manzuco, un heterónimo cordobés

Desde que ganó la XI edición del Premio Emilio Alarcos, la identidad de Rodrigo Manzuco, joven cordobés técnico informático nacido en 1988, ha sido uno de los enigmas más comentados en los círculos poéticos hasta que José Luis García Martín ha desvelado a la persona de carne y hueso escondida tras tan singular nombre. Y resulta que el misterioso poeta es el nuevo heterónimo de Jaime García-Máiquez (Murcia, 1973), quien, además de publicar tres libros firmados por él, ha creado a Fernando López de Artieta (Madrid, 1983), autor de Jugar en serio (Visor, 2004) y Grosso modo (La isla de Siltolá, 2011).
No se trata, por tanto, de la obra de un autor novel, como reza en la contracubierta, sino de un escritor con oficio que busca una poesía sutil, en la que combina la sugerencia y la ironía. El conjunto adquiere, así, un aire desenfadado que, sin embargo, no rehúsa cierto tono metafísico cuando el poeta, que rechaza establecer máximas o desvelar el mundo, sondea la realidad concreta donde se incardina su existencia. En este sentido, Casi está compuesto por casi medio centenar de poemas –exactamente 48 poemas y una “Dedicatoria”- nacidos del misterio irradiado por lo cotidiano, que encuentran en la metáfora, la sorpresa y el diálogo con otros autores, ya sea de manera velada o explícita, algunos de los resortes capaces de provocar una emoción en el lector.
(Publicado en Cuadernos del Sur, 1 de noviembre de 2013, p. 7)
domingo, 27 de octubre de 2013
"Club La Sorbona": Parodia, humor y novela negra
La búsqueda por parte de Mr. Tatel, un investigador contratado por la agencia de subastas británica Christie´s, de la flauta pipa que recibió Mozart durante su investidura como maestro masón; la invención de Violincia, pueblo adosado a La Sorbona, donde se reúnen no solo las “curanderas del analfabetismo sexual”, sino toda una galería de personajes peculiares; dos asesinatos íntimamente relacionados (el de la psicóloga Silia y el del proxeneta El Gomas); la locura del narrador, el excéntrico profesor universitario y escritor Lauro Arrabal, quien, cada año, reescribe el libreto para la representación de un Auto de Navidad en el que participan los estrambóticos habitantes del pueblo; la elección de un psicólogo como narratario; la conmovedora historia de doña Enriqueta, maestra local enferma de alzheimer, formada en los principios de la Institución Libre de Enseñanza, educadora de varias generaciones del pueblo que sobrevivió a la guerra civil haciéndose pasar por extranjera que traducía, desde idiomas desconocidos, novelas clásicas, son los pilares sobre los que Luis Artigue construye su última novela, Club La Sorbona, Premio Miguel Delibes de Narrativa. Se trata de una singular novela negra, con tintes paródicos y esperpénticos, que asume la mejor tradición del género e intenta renovarlo con influencias tan dispares como Valle-Inclán y el esperpento, Cela, Miguel Torga, Antonio Pereira, Julio Cortázar, José María Merino, Mario Vargas Llosa…. El resultado tiene un aire cercano a ciertas películas de José Luis Cuerda -Así en el cielo como en la tierra o Amanece, que no es poco-. Como botón de muestra, baste citar el inesperado final, en el que, siguiendo los cánones del género, se atan, a través de la extensa exposición del investigador, todos los cabos que parecían quedar sueltos; sin embargo, el escritor leonés da una vuelta de tuerca a esta estructura a través de la mirada de los dos personajes finales. De los méritos de la novela, aparte de la cuidada arquitectura narrativa, la atmósfera surrealista, el humor inteligente, próximo al del director Luis García Berlanga, y la complejidad de unos personajes bien definidos y articulados en torno a La Sorbona, destaca la exuberancia léxica, sustentada en la asociación sintagmática de las emociones y las sugerencias en un proceso acumulativo que deslumbra al lector. Artigue se confirma, por tanto, como un hábil creador del lenguaje que emplea un tono, en ocasiones, visionario y que maneja la imagen y los más variados recursos con deslumbrante acierto.
martes, 22 de octubre de 2013
"Se pierde la señal", de Joan Margarit
Se pierde la señal (Es perd el senyal) es el más reciente
poemario de Joan Margarit, Premio Nacional de Poesía en 2008 con Casa de
Misericòrdia. Antes de ser editado en bilingüe por Visor, el libro ha aparecido
en catalán en la editorial Proa, como viene siendo habitual en las últimas
publicaciones del poeta ilerdense. En este proceso de transmisión, singular en
nuestra tradición literaria, Margarit no traduce, sin más, los poemas al
castellano, sino que, como recogía en el texto “Sobre las lenguas de este
libro”, pórtico de Estaçio de França, escribe casi a la vez dos textos
diferentes, teniendo muy claro que “no me preocupan las diferencias entre los
dos poemas resultantes: tienen un origen común y buscan ser dos buenos poemas.”
Este poemario, uno de los más intensos y personales del
autor, es definido por el propio poeta como una “autobiografía en verso”, y de
hecho lo precede una cita de Josep Pla (“las biografías deberían estar escritas
en versos”). La memoria se convierte, por tanto, en una de las bases de un
discurso nacido de la necesidad de comunicar, en el que, desde la experiencia
acumulada a lo largo de toda una vida, se propone que la felicidad radica en la
pérdida de esperanza, de toda señal, lo que nos avoca a una actitud más
contemplativa, más interior. La mirada del poeta no indaga en horizontes
exteriores, sino que todo horizonte está dentro de uno mismo.El poeta busca, de este modo, en los propios recuerdos el material a partir del cual tejer una obra que pueda ser asumida por el lector como parte de él mismo en la medida en que la geografía personal trazada en el poema se universaliza y permite ser compartida. Entre estas evocaciones, en gran parte dolorosas (“La vida se ha afianzado en el dolor / como las casas sobre los cimientos”), están la dura infancia de un niño de posguerra (“Aprender en la calle”, “Un pueblo”, “Seis años”, “5 de enero del
Junto a estos temas aborda la creación literaria y la conciencia lingüística (“De dónde ser, adónde ir” o “Dignidad”, en el que afirma “Me ahoga el castellano y no lo odio. / No tiene culpa alguna de su fuerza / y menos todavía de mis debilidades”). Establecidas las conexiones entre ambos, la poesía es considerada como un refugio solitario (“Poema del último refugio” o “Altamira”) en el que encontrarse con aquellos autores que conforman la geografía personal (“Canción agradecida” o “Joan Maragall”) de un poeta que prefiere la lengua de las calles (“el presente es la lengua de las calles/ maltratada y espuria”). Esa es “la lengua en la que escribo”, “una lengua bien trabada / para pensar, pactar. Para soñar.”
En suma, la de Margarit es una poesía de una honda reflexión moral, escrita con un estilo austero, sincero, sereno y desnudo, sin renunciar a la sugerencia y al lirismo magistralmente contenido (“Nevó al curso siguiente. / La autoridad, en clase, / nos cubría lo mismo que la nieve: / caía suave, pero luego helaba”), que hace de este libro una de las cimas del poeta vivo más leído de la literatura catalana y una de las voces más destacadas de nuestra literatura.
(Publicado en Cuadernos del Sur, 19 de octubre de 2013, p. 5)
viernes, 18 de octubre de 2013
"Presencias y figuras", de Lezama Lima
Pese a que la consagración universal le llegó por Paradiso, José Lezama Lima (La Habana , 1910-1976) es uno de los autores hispanoamericanos más originales y que más ha contribuido, junto a Vicente Huidobro y César Vallejo, a la renovación de nuestra lírica. Consciente de que cualquier definición de poesía es insuficiente, se refirió a ella, con fina ironía, como “un caracol nocturno en un rectángulo de agua”.
La suya está caracterizada por la dificultad nacida del marcado intelectualismo que la sostiene, pues en sus poemas aparece no tanto el mundo sensible en sí, sino la construcción mental que el hombre percibe de esta realidad exterior. Y aquí radica la unidad esencial de toda una producción, que, sin embargo, presenta tres etapas: una primera de clara influencia modernista –Muerte de Narciso (1937) y Enemigo rumor (1941)-; una segunda, en la que la aventura poética vuelve sobre sí misma y rompe con las convenciones literarias para ahondar en la imagen sorprendente y originaria, capaz de encerrar en ella misma un acto fundacional -Aventuras sigilosas (1945), La fijeza (1949) y Dador (1960)-, y una tercera en la que, además de una mayor depuración, el poeta rechaza abiertamente cualquier limitación formal al considerar el poema como fragmento de una totalidad plena de sentido y al prescindir del libro como unidad organizativa y autónoma -Poemas no publicados en libro y Fragmentos a su imán ven la luz en 1970 y 1977, respectivamente, dentro de Poesía completa-.
Presencias y figuras, sintagma que nos remite al Cántico espiritual de San Juan de (Publicado en Cuadernos del Sur, 12 de octubre de 2013, p. 7)
viernes, 11 de octubre de 2013
Kristijonas Donelaitis, "Las estaciones del año"
La editorial Renacimiento se adelanta unos meses a la conmemoración del tercer centenario del nacimiento de Kristijonas Donelaitis (1714-1780), el poeta lituano más conocido, con la edición de su obra más universal, Las estaciones del año. Esta, a cargo de la profesora de la Universidad de Vilnius Carmen Caro (Palma del Río, 1963), es la primera traducción completa de la obra a una lengua romance.
Nacido en un pequeño pueblo de la región prusiana de Königsberg –en la actualidad Kaliningrado, Rusia-, este pastor luterano consigue convertir el lituano en lengua literaria con este gran poema épico que, partiendo de la vida cotidiana de los campesinos, se preocupa por la conservación de la identidad lituana en Prusia y por los grandes interrogantes de la humanidad: el origen del cosmos, la esencia del tiempo y el deseo de eternidad del hombre.
La obra, de estética plenamente ilustrada, está compuesta por cuatro cantos –uno por cada estación- y plantea varias conexiones con la poesía clásica tanto en aspectos formales, como temáticos y estilísticos. Con todo, pese a tales influencias, el poema es una muestra única en la que el autor funde pensamiento luterano y cultura rural lituana, al tiempo que explora todas las posibilidades expresivas de su lengua. No en vano, el poema se convierte, desde su publicación en 1818 por Ludwing Rhesa, en un emblema de la nación y de la literatura de este país báltico.
(Publicado en Cuadernos del Sur, 5 de octubre de 20132, p. 7)
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