viernes, 10 de marzo de 2017

"El hombre, otro hombre", por Juana Castro

El pasado sábado 4 de marzo, Juana Castro publicó en Cuadernos del Sur una magnífica reseña sobre Vértices, titulada "El hombre, otro hombre". Mil gracias por la generosa y atenta lectura.

Simbólicamente, vértice representa un punto desde donde la luz se ensancha. Luz como conocimiento, interioridad, expresión de sentido. Francisco Onieva toma conciencia de sí y reinventa su identidad de hombre mientras inaugura y asiste la vida de sus dos hijas, Blanca y Marta. Desde la cercanía y el laboreo del padre que de veras ejerce su función de padre reflexiona sobre la tierra, la casa, el paisaje, la infancia, la filiación, la escritura. Y todo ante la mirada y las experiencias de lo otro humano diferente de sí, las niñas. Onieva madura su ser y su trabajo de escritor--poeta casi al modo de un converso: olvidando lo sabido y acercándose a lo nuevo con humildad, desde la certidumbre de una imposibilidad: «vivir el extravío ciego de las mareas, / palpar la transparente síntesis de los nexos / y convertirme en puerta para ti.// Pero no puedo».
El universo de las hijas revierte y refleja el del padre, cambia la mirada y vuelven los recuerdos, trasmutados en sentido de la existencia. La vuelta a la casa familiar; los nervios de un primer día de clase infantil con el fondo de otra memoria, la del primer día de un joven profesor; el encuentro con la muerte, en la vivencia de la muerte del abuelo; la lluvia, el mar, la nieve y la presencia de lo efímero; el circo y su ilusión: Todo lo que las tareas y rutinas de cada día evocan en la memoria y el presente del padre--otro.
Para seguir leyendo, pinchad aquí.

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