lunes, 22 de febrero de 2016

Realismo visionario


La mirada de Jorge Galán, pseudónimo de George Alexander Portillo Galán (San Salvador, 1973), es capaz de encontrar, entre los escombros del mundo, aquello que aún conserva la hermosura primigenia. Ante este fértil hallazgo, el poeta no puede sino experimentar una sensación de asombro al tiempo que siente la necesidad de imaginar una nueva realidad. Así, en El círculo, libro de estructura cíclica formado por treinta y dos poemas distribuidos aritméticamente en seis secciones, recorre tanto la historia reciente de un país devastado como el propio discurrir de un yo derruido, que, de inmediato, se convierte en medida de la humanidad. Ambas coordenadas se funden en un singular microcosmos donde están presentes el asesinato de Monseñor Romero, la guerra civil, los días del Campo de Marte, la violencia de las maras y los conflictos íntimos de un hombre que vive en un mundo en descomposición.
De este modo, el tiempo, la memoria, la muerte, las ausencias, la identidad o el lenguaje se convierten en los ejes temáticos de una obra compacta en la que, sin embargo, destacan composiciones como "Marino", "1932", "Los trenes en la niebla", por la que obtuvo en 2009 el Premio del Tren Antonio Machado, o "El viajero".
Con este poemario, el autor de Breve historia del alba (Premio Adonáis 2006) y El estanque colmado (Visor, 2010; accésit del Premio Jaime Gil De Biedma y Premio Jaime Sabines) se confirma como una de las voces más significativas de su generación al otro lado del Atlántico.



Autor: Jorge Galán
Título: El círculo
Editorial: Visor
Año: 2015 


(Publicado en Cuadernos del Sur, 31 de octubre de 2015, p. 7)

lunes, 15 de febrero de 2016

"El extraño escritor y otras devastaciones"

Los nervios del primer libro. La ilusión de quien sabe que da lo máximo que puede. La incertidumbre que me invade al ser consciente de que estas historias dejan, por fin, de ser mías.


domingo, 14 de febrero de 2016

Celebración y pérdida

Ocultos y diseminados entre el gris y cotidiano ajetreo, aparecen pequeños destellos luminosos, mínimos dones, que confieren sentido a la existencia. La capacidad del ser humano para descubrir estas “islas de claridad” es el germen de la poesía de José Gutiérrez (Nigüelas, Granada, 1955), quien resume cuarenta años de creación poética, jalonados por seis poemarios, en un volumen editado por Renacimiento en su cuidada colección de rayas multicolores.
La presente antología supone, en palabras de Muñoz Molina, prologuista de excepción, “el itinerario de una educación” y presenta a un poeta a rachas que, pese a sufrir una singular evolución formal, siempre ha hecho gravitar su discurso sobre unos mismos temas. Así, el amor, el tiempo, la memoria y la creación se han dado la mano en una poética que ha pasado por tres etapas: una inicial, de dicción culturalista y clásica -Ofrenda en la memoria (1976), Espejo y laberinto (1978), El cerco de la luz (1978) y La armadura de sal (1980)-; otra de depuración lingüística, en la que el poema se vuelve más existencial y verdadero (De la renuncia, 1989); y una tercera, más formal, construida sobre un verso libre de hondo acento cernudiano, en la cual el poeta descubre la regularidad métrica, la rima consonante y las estrofas cerradas –soneto, sextina o décima-, al tiempo que introduce deliberados prosaísmos (La tempestad serena, 2006).

Como cierre del conjunto, se recogen seis poemas inéditos, adelanto de un poemario en marcha. 


Autor: José Gutiérrez
Título: Islas de claridad
Editorial: Renacimiento
Año: 2015


(Publicado en Cuadernos del Sur, 3 de octubre de 2015, p. 7)

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Mirada reflexiva

En toda combustión existe un elemento que la genera y otro que arde. En la palabra poética, la emoción es el comburente y la sugerencia, el combustible. De esta reacción química se desencadenan miles de puntos de calor y de luz que prenden en la mente del lector hasta quedar reducidos a ascuas.
Así es la palabra poética de Marcos Díez (Santander, 1976), quien firma Combustión, Premio de Poesía Hermanos Argensola 2014, un poemario que intenta reflejar la paradoja que sustenta la existencia de un yo poliédrico, consciente de sus aristas, que vive en permanente conflicto y que trabaja los recuerdos de la infancia mediante una mirada inquieta y escrutadora, que lleva, inmediatamente, a la reflexión. De este modo, su poesía adquiere cierto tono filosófico, pero sin perder nunca el lirismo, contenido y eficaz. Para ello, el poeta asume la incertidumbre mediante el símbolo y acude a la ironía como forma de sondear la existencia.
La identidad, el amor o la soledad son los pilares a partir de los cuales el poeta cántabro construye un libro compuesto por cuarenta y ocho poemas, articulados en dos partes idénticas en cuanto al número de composiciones -“Con sol dentro” y “Mapa de ruta”-. Entre estas se suceden las de tono narrativo con otras más esencialistas, demostrando que Díez conoce perfectamente la temperatura de ignición de la poesía y que sabe mantener a lo largo de todo el poemario la de inflamación, evitando caer en lo superfluo, en lo manido y en la afectación.


Autor: Marcos Díez
Título: Combustión
Editorial: Visor
Año: 2014

(Publicado en Cuadernos del Sur, 17 de octubre de 2015, p. 7)

domingo, 18 de octubre de 2015

"Frontera, tú"

Mañana, a las 21:00 horas, en la Casa Góngora (Córdoba) comparto espacio con Javier Sánchez Menéndez y Ginés Liébana.




Entretanto, os dejo uno de los haikus que forman Frontera, tú:

Me acerco a ti.
Con las dudas de un hombre.
Equivocándome.

miércoles, 14 de octubre de 2015

"Nunca es tarde", de Benjamín Prado: amor, literatura y compromiso.


Tras ocho años de silencio poético, en los que han visto la luz dos novelas y dos libros de aforismos, Benjamín Prado (Madrid, 1961) publica Nunca es tarde. Se trata de una obra de madurez en la que, al hilo del redescubrimiento ilusionado y eufórico del amor pleno atravesada la frontera de los 50, aborda algunos de los temas de siempre con un estilo directo y transparente, aunque sin olvidar la imagen sorprendente (“la nieve llora lágrimas de gigante vencido” o “la serpiente es la última curva de lo esmeralda”) ni el tono aforístico (“Mentir hace que la verdad no duela”): el compromiso y la denuncia de las injusticias del mundo, el sentido de la escritura, la reflexión sobre la propia interioridad, el paso del tiempo –que desemboca en la experiencia íntima de la muerte-, el viaje y la celebración de la vida y la belleza, ejemplificadas en el amor. Estos dos últimos motivos son entendidos como una suerte de redefinición de distancias y fronteras.
El conjunto se estructura en tres partes, cobijadas por dos poemas, que, concebidos como prólogo (“Cuestión de principios”) y epílogo (“Punto final”), funcionan a modo de poética, en la que el poeta confiesa su aspiración: “Un poema que diga también lo que no dice. / Un poema que escuche a quien lo lee. / Un poema que diga que el que cierra los ojos / es cómplice del crimen que no ha querido ver”.
La primera sección, “Nunca es tarde”, da título al volumen y está compuesta por nueve composiciones en las que el amor correspondido supone un nuevo punto de partida. Además del poema homónimo (“Ya no es tarde, / y si antes escribía para poder vivir / ahora / quiero vivir / para contarlo”), destacamos “María y el fantasma” -un sencillo homenaje a Ángel González-, “Libro de familia” -recuento de los libros y escritores que conforman su geografía íntima- y “Poesía social” -donde, después de recordar el compromiso de los poetas del 50, establece su concepción ética del poema: “leerlos fue soñar con un idioma / sin la palabra usura, / sin miseria, / injusticia, / desigualdad / prohibido…”-.
En la segunda, “Viajes con la azafata”, el viaje en compañía del ser amado se convierte en el eje vertebrador de ocho textos en los que el yo poético viaja con María a Cartagena de Indias, San Salvador, la Lisboa de Pessoa, la Ginebra de Borges y Jerusalén –“Tu nombre quemará mis labios para siempre”-, o visita la casa de Freud en Viena y la de Juan Ramón Jiménez en Coral Gables.
De la tercera, “Vida y obra”, la más heterogénea de todas, sobresale “Su viva imagen”, el poema más intenso de todo el libro, una emocionante elegía a la madre muerta, en la que Prado consigue crear una emoción en el lector, a partir de los pequeños detalles, sin caer en lo patético: “Le gustaban la nieve, los gatos, la familia; / el fuego, / cocinar / los cumpleaños, / llorar con las películas románticas; / encender velas en las catedrales. / Le asustaban los médicos, / las llamadas nocturnas, / las tormentas, / el frío / los reptiles…”).
En resumidas cuentas, un conjunto de poemas de un innegable tono celebrativo, escritos con oficio, en los que el optimismo se impone en una sincera afirmación de la vida.

Autor: Benjamín Prado
Título: Nunca es tarde
Editorial: Visor
Año: 2014 (Colección "Palabra de Honor"); 2015 (Colección "Visor Poesía")


(Publicado en Cuadernos del Sur, 3 de octubre de 2015, p. 7)